Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 353

Ella se sacó algo del interior de la chaqueta: una bolsa de cuero. La abrió tirando de la solapa. A Will le pareció que mientras corrían, ella tiraba al suelo una especie de polvo. Jadeando por el esfuerzo de la carrera, le dirigió una mirada interrogadora. Pero Elliott estaba demasiado preocupada para hacerle caso. Tiró la bolsa al suelo y siguió corriendo. Se sentía vacío, agotado y desbordado. En la boca tenía aún el sabor amargo de la raíz, y la cabeza le dolía tanto como si le fuera a estallar. A pocos centímetros de Elliott pasó volando una pequeña bola eléctrica, lanzando chispas como el hada Campanilla, pero ella no se paró y casi se la lleva por delante. Llegaron al límite de la Llanura Grande. Entonces se metieron en uno de los tubos de lava, y de nuevo en la oscuridad, mientras el brillo de la tormenta eléctrica titilaba débilmente a sus espaldas. Al tiempo que conectaba el artilugio, Will vio que Elliott volvía a sacar algo del interior de su chaqueta mientras corría: era otra bolsa de cuero. —¿Qué haces? ¿Qué es eso? —preguntó jadeando—. Resecadores. —¿Eh? —Con esto los perros se paran en seco. Les escuece de manera espantosa —le dijo señalándose la nariz y con una sonrisa malvada. Will miró hacia atrás y vio el brillo impresionante que producía el polvo al caer en un charco de agua. Lo había visto antes… Emitía el mismo brillo que aquella bacteria que se habían encontrado Chester, Cal y él en aquel túnel. Muy inteligente. Si un perro lo olfateaba, seguramente le secaría y puede que le quemara las membranas nasales. Se rió. Eso los dejaría inservibles como rastreadores. Siguieron corriendo. Will se cayó en una postura nada elegante y se golpeó la cara y la barbilla contra el áspero suelo. Elliott le ayudó a levantarse. Mientras descansaba apoyado contra la pared, intentando recuperar el aliento, ella preparó en el túnel una nueva carga con cable trampa. Luego le gritó que siguiera.