Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 350

—¡Hazlo! No nos queda tiempo, se están acercando. Will levantó el rifle y con un estremecimiento tomó aire a través de los dientes apretados. —No le des fuerte al gatillo, aprieta suavemente… —dijo Elliott. Apartó la mira de la cabeza de Drake, que de vez en cuando se movía un poco. Después bajó un poco el cañón del rifle, como si no tuviera la fuerza suficiente para mantenerlo en alto, y apuntó al pecho. Se dijo que sería más fácil acertar apuntando allí. Pero era todo una locura. No le entraba en la cabeza que realmente pudiera matar a nadie. —No puedo hacerlo. —Tienes que hacerlo —le suplicó ella—. Él lo haría por nosotros. Tienes que… Will intentó dejar la mente en blanco. «Esto no es real. Estoy viendo una película. Esto no lo estoy haciendo yo». —Hazlo por él —dijo ella—. ¡Ahora! Todo el cuerpo se le puso tenso, rebelándose contra lo que sabía que debía hacer. La cruz reticular de la mira se movía sin parar, pero sin salirse apenas del lugar correcto, del pecho del hombre al que tanto admiraba y que ahora estaba horriblemente mutilado. «Hazlo, hazlo, ¡hazlo!» Aumentando la presión sobre el gatillo, cerró los ojos. El rifle se disparó. Lanzó un grito al sentir la sacudida en las manos. Con el retroceso, la mira telescópica le pegó en el entrecejo. No había disparado nunca un rifle, y había dejado el ojo demasiado cerca. Haciendo una mueca y con la respiración agitada, bajó el arma. Le llenó la nariz el olor punzante de la pólvora, un olor que le recordaba siempre las noches de fuegos artificiales, pero que a partir de aquel momento cobraría para él un significado completamente distinto. Y, aparte de eso, sentía como si estuviera marcado para siempre, como si las cosas no pudieran volver a ser nunca lo mismo para él. «Llevaré esto conmigo hasta el día de mi muerte. ¡Puedo haber matado a un hombre!» Elliott se inclinó sobre Will, pasó sus brazos a través de los suyos y sus rostros se tocaron mientras ella manejaba el cerrojo del rifle. En alguna parte de su cerebro, Will se dio cuenta de aquel contacto, pero en aquel momento no significaba nada. El cartucho usado saltó en la oscuridad mientras ella colocaba uno nuevo en la recámara. Will intentó pasarle el arma, pero ella le obligó a quedársela, levantando la boca del