Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 338

— exclamó, agachándose para arrancar una pequeña planta en forma de escarapela que estaba puesta en la intersección de dos enormes raíces, al pie de uno de los árboles más grandes. Desenvainó el cuchillo y lo utilizó para quitarle todas las hojas grises, que fue dejando caer a los pies hasta que sólo le quedó el corazón. Continuó pelando la planta. Al cabo de unos segundos ésta se había quedado reducida a una especie de fruto seco que peló cuidadosamente aún más, arrancando trozos de su cubierta leñosa. Entonces cogió el grano, que tenía el tamaño de una almendra, y empezó a cortarlo en lonchas. Lo olió antes de tender la mano a Will para ofrecerle un poco.
— Mastícalo— le dijo, y a continuación se llevó a la boca un trozo pegado a la hoja del cuchillo—. No te lo tragues. Sólo mastícalo lentamente.
Will asintió dubitativo y masticó la fibrosa carne con los incisivos. Tenía un fuerte amargor que le hizo torcer el gesto.
Ella lo miró, mientras cogía otra loncha y se la metía en la boca con un dedo mugriento.— Tiene un sabor desagradable— comentó él.— Dale un poco de tiempo. Te ayudará. Tenía razón. Mientras masticaba, un frescor se extendió por sus extremidades. Era una agradable sensación en medio del calor y la humedad incesantes. Aquella sensación se vio acompañada de una energía que acabó con la pesadez que notaba en las piernas y los brazos. Se sintió fuerte, renovado, listo para lo que fuera.
—¿ Qué demonios es esto?— preguntó irguiendo los hombros y sintiendo renacer su desmedida curiosidad—. ¿ Cafeína?
Lo único con lo que podía comparar aquello era con lo que había sentido el día que su hermana le había preparado en casa café de verdad, y él se había tomado una taza. Había sentido un ímpetu pasajero que le había puesto nervioso, y no le había gustado en absoluto el sabor que el café le dejaba en la boca.—¿ Cafeína?— repitió.— Algo parecido— respondió Elliott con una sonrisa despreocupada—. Venga, vamos.
A partir de aquel momento descubrió que podía ir fácilmente a la misma marcha que Elliott. Con la velocidad de dos gatos, atravesaron la playa de arena y subieron por la pendiente de guijarros que conducía a la pared de la caverna y a los tubos de lava.
Will perdió por completo toda noción del tiempo, y le pareció que llegaban a la
— exclamó, agachándose para arrancar una pequeña planta en forma de escarapela que estaba puesta en la intersección de dos enormes raíces, al pie de uno de los árboles más grandes. Desenvainó el cuchillo y lo utilizó para quitarle todas las hojas grises, que fue dejando caer a los pies hasta que sólo le quedó el corazón. Continuó pelando la planta. Al cabo de unos segundos ésta se había quedado reducida a una especie de fruto seco que peló cuidadosamente aún más, arrancando trozos de su cubierta leñosa. Entonces cogió el grano, que tenía el tamaño de una almendra, y empezó a cortarlo en lonchas. Lo olió antes de tender la mano a Will para ofrecerle un poco.
— Mastícalo— le dijo, y a continuación se llevó a la boca un trozo pegado a la hoja del cuchillo—. No te lo tragues. Sólo mastícalo lentamente.
Will asintió dubitativo y masticó la fibrosa carne con los incisivos. Tenía un fuerte amargor que le hizo torcer el gesto.
Ella lo miró, mientras cogía otra loncha y se la metía en la boca con un dedo mugriento.— Tiene un sabor desagradable— comentó él.— Dale un poco de tiempo. Te ayudará. Tenía razón. Mientras masticaba, un frescor se extendió por sus extremidades. Era una agradable sensación en medio del calor y la humedad incesantes. Aquella sensación se vio acompañada de una energía que acabó con la pesadez que notaba en las piernas y los brazos. Se sintió fuerte, renovado, listo para lo que fuera.
—¿ Qué demonios es esto?— preguntó irguiendo los hombros y sintiendo renacer su desmedida curiosidad—. ¿ Cafeína?
Lo único con lo que podía comparar aquello era con lo que había sentido el día que su hermana le había preparado en casa café de verdad, y él se había tomado una taza. Había sentido un ímpetu pasajero que le había puesto nervioso, y no le había gustado en absoluto el sabor que el café le dejaba en la boca.—¿ Cafeína?— repitió.— Algo parecido— respondió Elliott con una sonrisa despreocupada—. Venga, vamos.
A partir de aquel momento descubrió que podía ir fácilmente a la misma marcha que Elliott. Con la velocidad de dos gatos, atravesaron la playa de arena y subieron por la pendiente de guijarros que conducía a la pared de la caverna y a los tubos de lava.
Will perdió por completo toda noción del tiempo, y le pareció que llegaban a la