Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 337

aquella misma postura para reñirlo por manchar de barro la alfombra o por alguna otra falta insignificante. Pero esto era diferente, esto era un asunto de vida o muerte, y él estaba agotado hasta el borde del colapso. Sencillamente, no podía más. —Te vienes conmigo —bramó ella. —¿Qué quieres decir? ¿Adonde? —Tú nos has metido en esto, así que muy bien puedes ser de alguna ayuda — respondió ella—. ¿Ayuda en qué? —Tenemos que volver a la base. Will la miró con mala cara, sin comprender lo que quería decir. —Nos volvemos a la base tú y yo —repitió ella, pronunciando cada palabra con mucha claridad—. ¿Lo entiendes? Tenemos que recoger el equipo y las provisiones. —Pero yo no puedo volver a hacer ahora todo el camino. Soy incapaz —suplicó —. Estoy muerto… Necesito descansar, comer algo… —Pides demasiado. —¿Por qué no vamos a la base siguiente? Drake me dijo que… Elliott negó con la cabeza. —Está demasiado lejos—. Yo… —Arriba. —Le entregó la otra mira de rifle y él se puso en pie despacio, comprendiendo que Elliott no iba a ceder. Dirigiéndole a Chester una mirada de impotencia, Will salió del claro y siguió a la chica a través de la espesura, de vuelta al paso elevado. Era como si se encontrara en medio de una espantosa pesadilla. Estaba cansado hasta el punto de caerse, y aquello era lo último que podía soportar. Nunca se habría imaginado que estuviera a punto de regresar, y menos tan pronto. Pero al menos esta vez sabía lo que le quedaba por delante. Las agitadas aguas les cubrían los tobillos y les empapaban el resto de las piernas. Iluminados con la leve luz que proyectaban delante de ellos las lámparas, las dos figuras eran lo único que sobresalía en medio del vasto desierto de agua. Hacia el final del paso, Will caminaba sin pensar. Anestesiado por la fatiga, seguía a Elliott de manera mecánica, colocando un pie delante del otro, y caminó lenta y pesadamente sobre la arena de la playa hasta llegar a la selva. —Alto aquí —ordenó ella. Bajó la luz de la lámpara y empezó a dar patadas entre las raíces de las plantas que estaban junto a ella. Buscaba algo en la descolorida arena cuajada de las raíces leñosas y nudosas de las plantas suculentas. —¿Dónde estará? —se preguntaba a sí misma, adentrándose en la maleza—. ¡Ah!