Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 336
— Rebecca— respondió él muy bajo.—¡ Oh, no!— exclamó Chester—. ¡ Ella otra vez, no! Eso hizo estallar a Cal, que empezó a salmodiar otra monótona oración, juntando las manos. Ahora podían oírle perfectamente:— Y el Señor será el Salvador de aquellos que …—¡ Cállate!— Elliott se volvió contra él—. ¿ Qué estás haciendo, rezar?— Y le dio una fuerte bofetada en mitad de la cara.— Yo … eh … no …— farfulló Cal, levantando los brazos para protegerse la cabeza, pensando que ella iba a volver a pegarle.
— Vuelve a hacerlo y acabaré contigo aquí mismo. Todo eso son idioteces. Lo sé muy bien, me pasé años tragándome el Libro de las Catástrofes, allí en la Colonia.— Lo agarró por el pelo y le sacudió la cabeza sin piedad de un lado a otro—. Fíate de tus propias fuerzas, porque sólo te tienes a ti.— Yo …— empezó Cal, medio sollozando.— No. Escucha, despierta, ¿ lo harás? Te han lavado el cerebro— dijo con voz baja y feroz, tirándole del pelo y sacudiéndole la cabeza de un lado a otro—. No existe el cielo. ¿ Te acuerdas de antes de que nacieras?—¿ Qué …?— preguntó Cal sollozando.—¿ Te acuerdas?— No— tartamudeó, sin entender.—¡ No! ¿ Y por qué? Pues porque no somos diferentes de los animales, insectos o bacterias.— Elliott, si él quiere creer …— empezó a decir Chester, incapaz de quedarse callado ante lo que oía.
—¡ No te metas, Chester!— soltó Elliott sin dirigirle una mirada—. No somos especiales, Cal. Tú, yo, nosotros venimos de la nada, y ahí es exactamente adonde volveremos algún día, puede que pronto, nos guste o no.— Dio un resoplido de desprecio y lo empujó hasta que se cayó de costado—. ¿ El cielo? ¡ Ja! No me hagas reír. ¡ Tu Libro de las Catástrofes es para los pájaros!
En un abrir y cerrar de ojos se situó frente a Will. El se preparó a ser la siguiente víctima de su comportamiento. Pero ella se quedó callada ante él, con los brazos cruzados en ademán combativo sobre su largo rifle. Aquella postura le trajo a Will recuerdos indeseados de su antigua hermana, recuerdos que intentó apartar de la mente. Porque muy a menudo, allí en Highfield, Rebecca se colocaba ante él en
— Rebecca— respondió él muy bajo.—¡ Oh, no!— exclamó Chester—. ¡ Ella otra vez, no! Eso hizo estallar a Cal, que empezó a salmodiar otra monótona oración, juntando las manos. Ahora podían oírle perfectamente:— Y el Señor será el Salvador de aquellos que …—¡ Cállate!— Elliott se volvió contra él—. ¿ Qué estás haciendo, rezar?— Y le dio una fuerte bofetada en mitad de la cara.— Yo … eh … no …— farfulló Cal, levantando los brazos para protegerse la cabeza, pensando que ella iba a volver a pegarle.
— Vuelve a hacerlo y acabaré contigo aquí mismo. Todo eso son idioteces. Lo sé muy bien, me pasé años tragándome el Libro de las Catástrofes, allí en la Colonia.— Lo agarró por el pelo y le sacudió la cabeza sin piedad de un lado a otro—. Fíate de tus propias fuerzas, porque sólo te tienes a ti.— Yo …— empezó Cal, medio sollozando.— No. Escucha, despierta, ¿ lo harás? Te han lavado el cerebro— dijo con voz baja y feroz, tirándole del pelo y sacudiéndole la cabeza de un lado a otro—. No existe el cielo. ¿ Te acuerdas de antes de que nacieras?—¿ Qué …?— preguntó Cal sollozando.—¿ Te acuerdas?— No— tartamudeó, sin entender.—¡ No! ¿ Y por qué? Pues porque no somos diferentes de los animales, insectos o bacterias.— Elliott, si él quiere creer …— empezó a decir Chester, incapaz de quedarse callado ante lo que oía.
—¡ No te metas, Chester!— soltó Elliott sin dirigirle una mirada—. No somos especiales, Cal. Tú, yo, nosotros venimos de la nada, y ahí es exactamente adonde volveremos algún día, puede que pronto, nos guste o no.— Dio un resoplido de desprecio y lo empujó hasta que se cayó de costado—. ¿ El cielo? ¡ Ja! No me hagas reír. ¡ Tu Libro de las Catástrofes es para los pájaros!
En un abrir y cerrar de ojos se situó frente a Will. El se preparó a ser la siguiente víctima de su comportamiento. Pero ella se quedó callada ante él, con los brazos cruzados en ademán combativo sobre su largo rifle. Aquella postura le trajo a Will recuerdos indeseados de su antigua hermana, recuerdos que intentó apartar de la mente. Porque muy a menudo, allí en Highfield, Rebecca se colocaba ante él en