Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Página 335
Will, que en aquel momento no podía encontrarse más exhausto, abrió un ojo y se
dirigió a su hermano en tono irritado:
—¿Qué dices, Cal? ¡No te entiendo!
—No estaba diciendo nada —replicó el chico a la defensiva, incorporándose con
una expresión de desconcierto.
—Cal, ¿qué ocurrió allí? —le preguntó Chester, dubitativo—. ¿Qué le pasó a
Drake?
Cal se acercó a ellos casi a rastras y se lanzó de inmediato a un pormenorizado
relato de los hechos, volviendo atrás cada vez que recordaba algo que se había dejado,
y muchas otras veces parándose del todo, incluso a mitad de una frase, para tomar
aliento antes de seguir. Después les habló de la estancia blanca con las celdas selladas
con la que se habían topado en el Bunker.
—Pero ese renegado… el que estaba vivo… ¿qué le pasaba? —preguntó Will.
—Tenía los ojos muy hinchados y la cara era horrible. La tenía llena de forúnculos
—explicó Cal—. Estoy seguro de que era una especie de enfermedad.
Will se quedó pensativo.
—Así que se trata de eso… —dijo.
—¿A qué te refieres? —terció Chester.
—Drake decía que los styx estaban probando algo aquí abajo. Quería averiguar
dónde lo hacían y para qué. Puede que sea una enfermedad.
Con un leve encogimiento de hombros, Cal prosiguió contando cómo habían
escapado por los tubos de lava, y de pronto se quedó sin voz.
—Drake podía haber huido, pero no lo hizo, para que Elliott y yo tuviéramos una
posibilidad. Fue como… como cuando el tío Tam se quedó allí…
—Puede que no haya muerto —dijo la voz de Elliott, silenciando la de Cal. Estaba
impregnada de una mezcla de ira y pena.
Asombrados por aquella declaración, los tres la miraron. Estaba en pie, al borde
del claro.
—Nos pillaron desprevenidos, pero los Limitadores disparaban a herir, no lo
hacían a matar. Si hubieran querido matarnos, ni nos hubiéramos enterado. —Se
volvió para mirar de frente a Will, dirigiéndole una mirada de intenso reproche—.
Pero ¿por qué nos querían coger vivos? Explícamelo, Will.
Todos los ojos se dirigieron a él, pero el chico negaba con la cabeza.
—Vamos, ¿qué motivo tienen? —insistió ella en voz baja pero amenazante.