Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 333

Will sacó la mano rápidamente.
— Ahí dentro hay cosas que te pueden llevar los dedos— prosiguió ella, y al hacerlo aumentó la potencia de la lámpara para iluminar el agua y que los muchachos pudieran ver la uniforme extensión, la enorme superficie negra a ambos lados del paso que los hizo estremecerse, pese al calor y la humedad del ambiente.
— Por favor, dinos adonde nos llevas— le rogó Will—. ¿ Hay alguna razón para que nos mantengas a oscuras?
Sus palabras quedaron en el aire durante unos segundos, antes de que ella respondiera.
— Vale— dijo Elliott soltando una bocanada de aire—. No tenemos mucho tiempo, así que espero que escuchéis con atención. ¿ De acuerdo? Los tres murmuraron un « sí » como respuesta.— Nunca había visto tantos Limitadores aquí abajo, en las Profundidades, y no me hace ninguna gracia. Está muy claro que se traen entre manos algo muy importante, y tal vez por eso están atando todos los cabos sueltos.—¿ A qué te refieres con eso de cabos sueltos?— preguntó Chester.— Me refiero a los renegados …, a nosotros— respondió Elliott. A continuación apuntó a Will con la luz—. Y a él.— Bajó la mirada al agua espumeante—. Nos vamos a un lugar seguro para poder pensar qué hacer después. Ahora seguidme— indicó.
El paso elevado resultó aterrador. Ella les permitió que subieran la potencia de la luz, pero la corriente, que era sumamente fuerte, les pegaba en las botas y les lanzaba una neblina de vapor. Tampoco era una ayuda precisamente que la superficie sobre la que caminaban fuera irregular y estuviera recubierta de algas muy resbaladizas. A menudo la superficie del paso se hundía por debajo del agua: ésos eran los tramos más traicioneros. Will oía gruñir a Chester al pasar por otro de aquellos tramos invisibles y le oía dar gracias cuando el tramo terminaba y volvía a verse el borde. Por allí era algo más fácil cruzar, porque la espuma proporcionaba una clara indicación del camino y la corriente parecía menos fuerte.
Cal farfullaba delante de él, elevando la voz con frecuencia como implorando que llegara el final. Will no podía hacer nada para ayudarle: cada uno tenía ya bastante trabajo intentando dar el siguiente paso sin resbalar y ser tragado por la horrible extensión que quedaba a su izquierda.
No habían recorrido mucho cuando sintieron un colosal chapoteo, como si algo enorme hubiera caído al agua.
Will sacó la mano rápidamente.
— Ahí dentro hay cosas que te pueden llevar los dedos— prosiguió ella, y al hacerlo aumentó la potencia de la lámpara para iluminar el agua y que los muchachos pudieran ver la uniforme extensión, la enorme superficie negra a ambos lados del paso que los hizo estremecerse, pese al calor y la humedad del ambiente.
— Por favor, dinos adonde nos llevas— le rogó Will—. ¿ Hay alguna razón para que nos mantengas a oscuras?
Sus palabras quedaron en el aire durante unos segundos, antes de que ella respondiera.
— Vale— dijo Elliott soltando una bocanada de aire—. No tenemos mucho tiempo, así que espero que escuchéis con atención. ¿ De acuerdo? Los tres murmuraron un « sí » como respuesta.— Nunca había visto tantos Limitadores aquí abajo, en las Profundidades, y no me hace ninguna gracia. Está muy claro que se traen entre manos algo muy importante, y tal vez por eso están atando todos los cabos sueltos.—¿ A qué te refieres con eso de cabos sueltos?— preguntó Chester.— Me refiero a los renegados …, a nosotros— respondió Elliott. A continuación apuntó a Will con la luz—. Y a él.— Bajó la mirada al agua espumeante—. Nos vamos a un lugar seguro para poder pensar qué hacer después. Ahora seguidme— indicó.
El paso elevado resultó aterrador. Ella les permitió que subieran la potencia de la luz, pero la corriente, que era sumamente fuerte, les pegaba en las botas y les lanzaba una neblina de vapor. Tampoco era una ayuda precisamente que la superficie sobre la que caminaban fuera irregular y estuviera recubierta de algas muy resbaladizas. A menudo la superficie del paso se hundía por debajo del agua: ésos eran los tramos más traicioneros. Will oía gruñir a Chester al pasar por otro de aquellos tramos invisibles y le oía dar gracias cuando el tramo terminaba y volvía a verse el borde. Por allí era algo más fácil cruzar, porque la espuma proporcionaba una clara indicación del camino y la corriente parecía menos fuerte.
Cal farfullaba delante de él, elevando la voz con frecuencia como implorando que llegara el final. Will no podía hacer nada para ayudarle: cada uno tenía ya bastante trabajo intentando dar el siguiente paso sin resbalar y ser tragado por la horrible extensión que quedaba a su izquierda.
No habían recorrido mucho cuando sintieron un colosal chapoteo, como si algo enorme hubiera caído al agua.