Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 324
A lo largo de los dos laterales de la estancia había puertas de metal bruñido, y
Elliott ya se había acercado a la primera de ellas para mirar a través de la ventanilla de
inspección. Después pasó a la siguiente. Todas las puertas tenían grandes marcas
hechas con pintura negra, que había sido aplicada con tal abundancia que la pintura
había trazado lágrimas sobre el metal bruñido.
—Se ven cuerpos —decía ella—. Así que ésta es la zona de cuarentena.
No eran simplemente cuerpos. Como pudo ver Cal por sí mismo, en cada celda
había dos o tres cadáveres extendidos en el suelo. Era evidente que llevaban bastante
tiempo muertos, porque habían empezado a descomponerse. Podía distinguir un claro
fluido gelatinoso, con irisaciones rojas y amarillas, que goteaba de los cadáveres y
formaba un charco sobre las baldosas completamente blancas.
—Los hay que parecen colonos —dijo Cal al observar la ropa que llevaban.
—Y otros son renegados —añadió ella con voz tensa.
—¿Quién ha hecho esto? ¿Cómo han muerto? —preguntó el chico.
—Los styx los han matado —respondió ella.
Esta frase le recordó al instante la gravedad de la situación en que se hallaban, y
empezó a sentir pánico.
—¡No tenemos tiempo para quedarnos aquí! —gritó, volviéndose hacia la puerta.
—Espera —dijo ella. Lo miró con mala cara, pero no lo apartó.
—¡No podemos entretenernos! Nos estarán siguiendo… —dijo Cal casi sin voz,
comprendiendo que se habían cambiado los papeles, y ahora era ella la que retrasaba
la fuga.
—Esto es importante. ¡Estas celdas han sido selladas! —comentó Elliott
examinando los bordes de la puerta. Como todas las otras puertas, estaban soldadas
por los cuatro lados, y no había picaporte ni otro medio de abrirlas—. ¿No te das
cuenta de lo que es esto, Cal? Se trata de la zona de pruebas de los styx, de la que
habíamos oído hablar. ¡Aquí han estado probando algún tipo de arma nueva!
Cal detrás de Elliott, se acercó a la siguiente celda, y notó que la puerta no tenía
nada pintado. Mientras ella miraba, una cara apareció de pronto en la ventana. Tenía
los ojos hinchados e inyectados de sangre. Era un hombre, que parecía hallarse en un
estado de pánico extremo. Tenía las mejillas comidas y cada centímetro de la piel
cubierto por forúnculos irritados de color rojo. Gritaba algo, pero ellos apenas podían
oír un susurro a través del cristal.
Empezó a golpear débilmente en el cristal con ambos puños, pero tampoco eso se