Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 321
estaba mientras se acercaba la fila. Después dio otro paso atrás.
El niño oyó un solo disparo y vio saltar la tela en la curva del hombro de Drake,
como si una pequeña bala hubiera penetrado en él. El impacto le hizo doblarse, pero
rápidamente volvió a erguirse. Elliott respondió con una rápida descarga, manejando
el cerrojo de su rifle a velocidad cegadora. Uno tras otro, los Limitadores iban
cayendo bajo sus balas. No había disparo que no diera en el blanco. Cal vio el
resultado en las delgadas formas de los soldados styx: unos salían impulsados hacia
atrás y otros caían exactamente en el punto en que se encontraban. Pero siguieron
avanzando. Y por algún motivo, no disparaban a su vez.
Con un suave movimiento, Drake se agachó. Al principio Cal pensó que le habían
vuelto a dar, pero después vio que tenía un mortero en las manos. Golpeó la base
contra una piedra y salió una llama desde la boca, como una lanza. Una franja del
semicírculo de styx que avanzaba hacia él quedó completamente destruida; en su lugar
no quedó más que un poco de humo: la ráfaga los había borrado del mapa. De todas
partes se alzaban gritos y chillidos. Pero, no obstante, otros Limitadores continuaban
avanzando, y ahora también disparaban contra Elliott.
Cal retrocedía por el corredor, alejándose de la boca, aferrando los cócteles en la
palma sudorosa de la mano. La única idea que albergaba su cerebro era que tenía que
salir de allí. Como fuera.
Entonces, por entre nubes de humo, pensó que había visto moverse a Drake. Se
había tambaleado unos pasos y había caído. No vio nada más, porque en aquel mismo
instante Elliott lo agarró por el brazo y se lo llevó corriendo. Corría tirando de él, tan
rápido que él apenas lograba mantenerse sobre los pies. Corrieron unos doscientos
metros antes de que ella lo levantara del suelo del corredor para meterlo en una de las
estancias laterales.
—¡Tápate los oídos! —le gritó.
Se oyó casi inmediatamente una explosión atronadora. Aunque estaban bien
resguardados, aún la notaron en los pies. Por el corredor, atravesando la puerta,
llegaron volando una bola de fuego y cascotes de hormigón. Cal comprendió que
Elliott debía de haber preparado unos explosivos antes de escapar. Antes de que los
escombros se asentaran, se levantó ella misma y tiró de Cal para evitar una nube de
polvo. En los charcos del suelo, pequeñas brasas encendidas chisporroteaban al caer.
Al atravesar corriendo espesas y revueltas nubes de humo sofocante, vieron una
silueta alta que se acercaba a ellos. Elliott apartó a Cal del camino mientras ella se