Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 320
varios cócteles más del cinturón y los dejó en el suelo, a su lado.
Cal entrecerró los ojos tratando de ver cuál era la causa de aquella preocupación, pero como nada se movía en la zona que se encontraba más allá de Drake, no conseguía entenderlo. Pasaron unos segundos. El silencio era tan absoluto que Cal empezó a relajarse. No veía nada. Estaba seguro de que se trataba de una falsa alarma, y de que Elliott y Drake se estaban comportando de manera exagerada. Le dolía la pierna y cambió ligeramente la postura, pensando en las ganas que tenía de parar. Drake se volvió hacia Elliott.— Me parece … me parece que ha venido a visitarnos el hombre invisible— declamó en voz alta, sin hacer más esfuerzos por bajar la voz.
— Dile que ahora no le puedo atender— respondió Elliott en un susurro. Tras cambiar el rifle a la boca de otro túnel, se detuvo de pronto, como si se demorara por algo, antes de dirigir finalmente el rifle hacia Drake—. Sí— murmuró asintiendo con la cabeza y observándolo a través de la mira—. Yo tendría que estar ahí. Tendría que haber salido yo, no tú.— No, mejor así— dijo Drake con frialdad, y se separó de ella.— Adiós— dijo ella con la voz tensa. Pasaron unos segundos tan largos que parecían siglos antes de que respondiera
Drake:— Adiós, Elliott— dijo, y dio un paso atrás. Y entonces empezó todo. Comenzaron a salir Limitadores de los tubos de lava, con el arma en alto. Por la manera de moverse, parecían un enjambre de insectos malignos. Las oscuras máscaras y los largos gabanes de color parduzco salían del oscuro hueco de la boca de los túneles como si fueran una prolongación de las propias sombras. Demasiado numerosos para contarlos, empezaron a formar un semicírculo perfecto por delante de los tubos de lava.—¡ Tirad las armas!— ordenó una voz aflautada y penetrante.—¡ Rendíos!— dijo otro. Y como un solo hombre, empezaron a avanzar. A Cal le dio la impresión de que el corazón se le paraba. Por algún motivo, Drake no se había agachado y puesto a cubierto, sino que permanecía exactamente donde
varios cócteles más del cinturón y los dejó en el suelo, a su lado.
Cal entrecerró los ojos tratando de ver cuál era la causa de aquella preocupación, pero como nada se movía en la zona que se encontraba más allá de Drake, no conseguía entenderlo. Pasaron unos segundos. El silencio era tan absoluto que Cal empezó a relajarse. No veía nada. Estaba seguro de que se trataba de una falsa alarma, y de que Elliott y Drake se estaban comportando de manera exagerada. Le dolía la pierna y cambió ligeramente la postura, pensando en las ganas que tenía de parar. Drake se volvió hacia Elliott.— Me parece … me parece que ha venido a visitarnos el hombre invisible— declamó en voz alta, sin hacer más esfuerzos por bajar la voz.
— Dile que ahora no le puedo atender— respondió Elliott en un susurro. Tras cambiar el rifle a la boca de otro túnel, se detuvo de pronto, como si se demorara por algo, antes de dirigir finalmente el rifle hacia Drake—. Sí— murmuró asintiendo con la cabeza y observándolo a través de la mira—. Yo tendría que estar ahí. Tendría que haber salido yo, no tú.— No, mejor así— dijo Drake con frialdad, y se separó de ella.— Adiós— dijo ella con la voz tensa. Pasaron unos segundos tan largos que parecían siglos antes de que respondiera
Drake:— Adiós, Elliott— dijo, y dio un paso atrás. Y entonces empezó todo. Comenzaron a salir Limitadores de los tubos de lava, con el arma en alto. Por la manera de moverse, parecían un enjambre de insectos malignos. Las oscuras máscaras y los largos gabanes de color parduzco salían del oscuro hueco de la boca de los túneles como si fueran una prolongación de las propias sombras. Demasiado numerosos para contarlos, empezaron a formar un semicírculo perfecto por delante de los tubos de lava.—¡ Tirad las armas!— ordenó una voz aflautada y penetrante.—¡ Rendíos!— dijo otro. Y como un solo hombre, empezaron a avanzar. A Cal le dio la impresión de que el corazón se le paraba. Por algún motivo, Drake no se había agachado y puesto a cubierto, sino que permanecía exactamente donde