Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 319

Drake escuchó un momento, mirando a través de la lente que tenía colocada en el ojo, antes de poner la lamparilla de minero en baja intensidad. Ante ellos tenían una especie de patio de formación natural. Era circular, de unos treinta metros de diámetro, con el suelo de roca, irregular. En torno a él, el niño vio que salían hasta diez tubos de lava, cada uno en una dirección diferente. —Métete en uno de ésos, Cal —susurró Drake señalando los tubos de lava al tiempo que se dirigía a la zona circular. Elliott se había quedado atrás, agachada junto a la boca de salida del Bunker. Drake se dio cuenta de que el chico no le seguía. —Muévete, ¿quieres? —El muchacho refunfuñó para sí y dio unos pasos a regañadientes en dirección a Drake—. Elliott y yo nos vamos a buscar a Will, pero tú te quedarás aquí vigilando. Hay posibilidades de que pueda pasar por aquí —le explicó, y añadió en voz baja—, si no lo ha hecho ya. Apenas había dado Cal unos pasos cuando oyó un silbido a su espalda. Se paró. Elliott seguía agachada, con el rifle apoyado en un muro de la boca del Bunker. Drake se quedó inmóvil, pero no se volvió hacia ella. —¡Vuelve! —le susurró Elliott a Cal de manera apremiante, sin quitar la vista del rifle. —¿Yo? —preguntó el niño. —Sí —confirmó ella, mirando tras ellos a través de la mira. Sin entender nada de lo que ocurría, Cal se dirigió hacia Elliott, que en un momento retiró una mano del rifle para pasarle un par de delgados cócteles. Él los cogió, desconcertado por el cambio en las instrucciones de Drake, y se metió más adentro en el corredor, detrás de Elliott, y agachó la cabeza. Enmarcado por la boca de la entrada, vio la imagen de Drake, que estaba completamente inmóvil en el espacio abierto, con el único movimiento de su chaqueta, que se agitaba con la ligera brisa que corría por allí. No había apagado la lamparilla de minero que llevaba en la frente, y aunque el haz de luz no era fuerte, alcanzaba a iluminar algunas de las piedras y rocas que lo rodeaban y que proyectaban su sombra contra los muros. Pero nada se movía a su alrededor. —¿Has notado algo? —le preguntó Drake a Elliott en voz baja. —Sí —respondió ella muy despacio—. Es un presentimiento. —Su voz sonó muy seria. Parecía tensa, y mantenía la mejilla apretada contra la culata del rifle. Pasó rápidamente el rifle de un túnel a otro. En un solo gesto rápido y limpio, se sacó