Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 318
de una persona. Pero Cal cometió el error de inclinarse para examinar el tarro de
cristal por el otro lado. Al penetrar la luz de su lámpara en el líquido amarillento en
que se hallaba inmersa la cabeza, vio el ojo único, de mirada fija, y la barba oscura
que asomaba de la piel blanca de la cabeza del hombre, como si no se hubiera afeitado
aquella mañana.
Cal ahogó un grito. Desde luego que era real. Resultaba tan macabra, que de
inmediato se apartó de ella, pero entonces vio en otros tarros cosas que eran igual de
horribles: embriones horrendamente deformes que flotaban en líquido, unos enteros y
otros parcialmente diseccionados, y varios bebés enteros e intactos, asegurados por
medio de alambres a planchas de cristal en una gran variedad de posiciones distintas.
Había uno que se chupaba el pulgar. Si no hubiera sido por la piel casi traslúcida, a
través de la cual se apreciaba una multitud de venitas azules, uno podía pensar que
simplemente dormía, de tan vivo que parecía.
Pasaron en silencio a otra zona. Era una estancia octogonal dominada por un
sólido plinto de cerámica que estaba colocado en el centro exacto. Sobre el plinto
había unas tiras de metal, obviamente destinadas a mantener sujeto al desdichado.
—¡Carniceros! —murmuró Drake, mientras Cal veía herramientas y cascos de
cristal esparcidos por el suelo. Había bisturíes, enormes fórceps y otros instrumentos
médicos extraños.
—¡No! —exclamó Cal, incapaz de contenerse ante el escalofrío que le recorría el
cuerpo. Aunque aquella estancia no tuviera nada semejante a los macabros
especímenes que acababa de ver, había en el ambiente algo sumamente sórdido. Era
como si quedaran los ecos del agudo dolor y sufrimiento infligido entre aquellos
muros, hacía muchos años.
—Este lugar está lleno de fantasmas —dijo Drake, en sintonía con la sensación
que Cal estaba experimentando.
—Sí —respondió el muchacho con un estremecimiento.
—No te preocupes, no nos quedaremos aquí —le aseguró el hombre. Y se
internaron en otro corredor más grande, que recordaba el que habían atravesado
antes, el de los muros inclinados. Lo recorrieron hasta que Drake le indicó que parara.
Cal distinguió que allí había un sonido distinto, y volvió a percibir un asomo de brisa
en la cara. Supuso que habían llegado al otro lado del Bunker. Se apoyó
completamente en el bastón, agradeciendo la oportunidad de descansar la pierna, e
intentó olvidar cuanto acababa de ver.