Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 313
trampilla de hierro oxidado.— Tú primero— ordenó Drake. Cal miró en la inquietante oscuridad y tragó saliva con esfuerzo.—¿ De verdad crees que voy a entrar ahí?— preguntó—. Sí— gruñó Drake—. Esto es el Bunker. Lleva años vacío. No tendrás ningún problema. El niño negó con la cabeza:
—¡ No tendré ningún problema! No quiero hacerlo, ¡ no quiero hacerlo!— murmuró entre dientes. Con la ayuda de Drake, que le tendió una mano, se metió a regañadientes por el conducto y empezó a avanzar a gatas.
Delante de él lucía débilmente la luz de la lámpara, revelando metro tras metro de pasadizo regular, al tiempo que arañaba con las manos en una capa de varios centímetros de arenilla seca que había en el suelo del conducto. El sonido de su propia respiración se volvió opresivo, y tuvo una sensación de constreñimiento realmente horrible. Atrapado como un ratón en el desagüe, ésa era la idea que le venía a la cabeza. De vez en cuando se paraba para tentar con el bastón delante de él o golpear en los muros para comprobar que el camino estaba despejado. Eso le daba una oportunidad de descansar la pierna, que empezaba a dolerle mucho. Tenía miedo de que se le agarrotara completamente y se tuviera que quedar allí, atrapado en el conducto.
Sin embargo, se esforzaba por continuar después de cada instante de descanso. El conducto parecía no tener fin.
—¿ Qué grosor tienen estos muros?— preguntó en voz alta. Entonces, al volver a tentar con el bastón, la punta no pegó contra nada. Avanzó un poco más y volvió a hacer la prueba. No había nada, había llegado al final. Lo había presentido instintivamente dado que el aire había empezado a oler de manera distinta: a humedad, moho y años de abandono.
Anduvo palpando por la boca del conducto y con cautela se bajó de allí. Con los pies firmes en el suelo, encendió la lámpara y la fue pasando por delante para examinar el terreno. Estuvo a punto de gritar cuando vio algo que se erguía a su lado, y levantó el bastón para defenderse.
— Tranquilo— le dijo Elliott, y él se sintió como un tonto en ese mismo instante. Se había olvidado de que ella habría ido delante, como hacía siempre.
Drake se dejó caer desde el conducto sin hacer ruido, y se plantó detrás de él. Le dio un leve empujón y, sin mediar palabra, siguieron avanzando.
trampilla de hierro oxidado.— Tú primero— ordenó Drake. Cal miró en la inquietante oscuridad y tragó saliva con esfuerzo.—¿ De verdad crees que voy a entrar ahí?— preguntó—. Sí— gruñó Drake—. Esto es el Bunker. Lleva años vacío. No tendrás ningún problema. El niño negó con la cabeza:
—¡ No tendré ningún problema! No quiero hacerlo, ¡ no quiero hacerlo!— murmuró entre dientes. Con la ayuda de Drake, que le tendió una mano, se metió a regañadientes por el conducto y empezó a avanzar a gatas.
Delante de él lucía débilmente la luz de la lámpara, revelando metro tras metro de pasadizo regular, al tiempo que arañaba con las manos en una capa de varios centímetros de arenilla seca que había en el suelo del conducto. El sonido de su propia respiración se volvió opresivo, y tuvo una sensación de constreñimiento realmente horrible. Atrapado como un ratón en el desagüe, ésa era la idea que le venía a la cabeza. De vez en cuando se paraba para tentar con el bastón delante de él o golpear en los muros para comprobar que el camino estaba despejado. Eso le daba una oportunidad de descansar la pierna, que empezaba a dolerle mucho. Tenía miedo de que se le agarrotara completamente y se tuviera que quedar allí, atrapado en el conducto.
Sin embargo, se esforzaba por continuar después de cada instante de descanso. El conducto parecía no tener fin.
—¿ Qué grosor tienen estos muros?— preguntó en voz alta. Entonces, al volver a tentar con el bastón, la punta no pegó contra nada. Avanzó un poco más y volvió a hacer la prueba. No había nada, había llegado al final. Lo había presentido instintivamente dado que el aire había empezado a oler de manera distinta: a humedad, moho y años de abandono.
Anduvo palpando por la boca del conducto y con cautela se bajó de allí. Con los pies firmes en el suelo, encendió la lámpara y la fue pasando por delante para examinar el terreno. Estuvo a punto de gritar cuando vio algo que se erguía a su lado, y levantó el bastón para defenderse.
— Tranquilo— le dijo Elliott, y él se sintió como un tonto en ese mismo instante. Se había olvidado de que ella habría ido delante, como hacía siempre.
Drake se dejó caer desde el conducto sin hacer ruido, y se plantó detrás de él. Le dio un leve empujón y, sin mediar palabra, siguieron avanzando.