Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 309

Chester.
—¡ Qué típico!— soltó Will entre dos tragos de agua—. Yo muriéndome de sed …— tragó, sintiendo cómo el agua volvía a humedecerle las cuerdas vocales— y mientras vosotros poniéndoos como cerdos.— Se sentía transformado y eufórico, pensando que habían llegado a su fin las largas horas vividas en la oscuridad, y él volvía a encontrarse a salvo. Había sobrevivido—. ¡ Asquerosamente típico!— Tienes una pinta espantosa— comentó Chester en voz baja. La piel del rostro de Will, generalmente pálida a causa de su albinismo, ahora resultaba más pálida aún, blanqueada por los cristalitos de sal que se le habían incrustado alrededor de la boca, en la frente y en las mejillas.— Gracias— farfulló al final, después de engullir otro enorme trago.—¿ Te encuentras bien?— De maravilla— respondió Will con sarcasmo.— Pero ¿ cómo has llegado hasta aquí?— le preguntó Chester—. ¿ Dónde has estado todo este tiempo?
— Mejor ni te cuento— respondió con voz todavía ronca y apenas inteligible. Echó un vistazo al tubo de lava, por detrás de Chester—. Drake y los demás … ¿ dónde están? ¿ Dónde está Cal?
— Se han ido a buscarte— respondió Chester, negando con la cabeza y sin podérselo creer—. Por Dios, Will, cómo me alegro de verte. Creíamos que te habrían atrapado, o tal vez matado de un disparo, qué sé yo.
— Esta vez no— dijo él y, tras respirar varias veces, volvió a darle otro tiento a la cantimplora, y sorbió avariciosamente el agua hasta que no quedó ni una gota. Eructó de satisfacción, tiró al suelo la cantimplora y después, por primera vez, se dio cuenta de la preocupación que reflejaba el rostro de su amigo. La mano de Chester, que sostenía algo de comida, estaba todavía delante de él. « Mi buen amigo Chester ». Will no pudo evitar reírse, al principio de manera floja, pero cada vez más fuerte hasta llegar a lanzar unas carcajadas tan estruendosas que su amigo se asustó y se apartó un poco. La garganta de Will no se había recuperado todavía de la falta de agua, y su risa sonaba rasposa y perturbadora—. ¿ Qué te pasa, Will? ¿ Qué ocurre?
— Déjame que me ría todo lo que quiera— dijo él antes de sucumbir a otro ataque de carcajadas estruendosas y de extraño sonido. Chester se quedó bastante asustado de aquella actitud.— No tiene gracia— dijo bajando la mano en la que sujetaba algo de comida.
Chester.
—¡ Qué típico!— soltó Will entre dos tragos de agua—. Yo muriéndome de sed …— tragó, sintiendo cómo el agua volvía a humedecerle las cuerdas vocales— y mientras vosotros poniéndoos como cerdos.— Se sentía transformado y eufórico, pensando que habían llegado a su fin las largas horas vividas en la oscuridad, y él volvía a encontrarse a salvo. Había sobrevivido—. ¡ Asquerosamente típico!— Tienes una pinta espantosa— comentó Chester en voz baja. La piel del rostro de Will, generalmente pálida a causa de su albinismo, ahora resultaba más pálida aún, blanqueada por los cristalitos de sal que se le habían incrustado alrededor de la boca, en la frente y en las mejillas.— Gracias— farfulló al final, después de engullir otro enorme trago.—¿ Te encuentras bien?— De maravilla— respondió Will con sarcasmo.— Pero ¿ cómo has llegado hasta aquí?— le preguntó Chester—. ¿ Dónde has estado todo este tiempo?
— Mejor ni te cuento— respondió con voz todavía ronca y apenas inteligible. Echó un vistazo al tubo de lava, por detrás de Chester—. Drake y los demás … ¿ dónde están? ¿ Dónde está Cal?
— Se han ido a buscarte— respondió Chester, negando con la cabeza y sin podérselo creer—. Por Dios, Will, cómo me alegro de verte. Creíamos que te habrían atrapado, o tal vez matado de un disparo, qué sé yo.
— Esta vez no— dijo él y, tras respirar varias veces, volvió a darle otro tiento a la cantimplora, y sorbió avariciosamente el agua hasta que no quedó ni una gota. Eructó de satisfacción, tiró al suelo la cantimplora y después, por primera vez, se dio cuenta de la preocupación que reflejaba el rostro de su amigo. La mano de Chester, que sostenía algo de comida, estaba todavía delante de él. « Mi buen amigo Chester ». Will no pudo evitar reírse, al principio de manera floja, pero cada vez más fuerte hasta llegar a lanzar unas carcajadas tan estruendosas que su amigo se asustó y se apartó un poco. La garganta de Will no se había recuperado todavía de la falta de agua, y su risa sonaba rasposa y perturbadora—. ¿ Qué te pasa, Will? ¿ Qué ocurre?
— Déjame que me ría todo lo que quiera— dijo él antes de sucumbir a otro ataque de carcajadas estruendosas y de extraño sonido. Chester se quedó bastante asustado de aquella actitud.— No tiene gracia— dijo bajando la mano en la que sujetaba algo de comida.