Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 299
Mientras miraba, salieron por la puerta la supervisora y dos camilleros en busca
del carro. Los camilleros metieron la camilla en la habitación de la Venerable anciana
mientras la supervisora se quedaba fuera. Al ver a la señora Burrows, se acercó
lentamente hacia ella.
—No. ¿No será lo que estoy pensando…? —empezó a decir la señora Burrows.
Con un lento movimiento de la cabeza, la supervisora le dio a entender lo que
quería saber.
—Pero la Venerable anciana era tan… joven —comentó casi sin voz, utilizando sin
darse cuenta, debido a la impresión, el apodo de la interna—. ¿Qué ha sido?
La supervisora volvió a mover la cabeza hacia los lados.
—¿Qué ha sido? —repitió.
La mujer habló en voz muy baja, como si no quisiera que se enteraran otros
internos: —El virus —explicó.
—¿Esto? —preguntó la señora Burrows, señalando sus ojos, que, igual que los de
la supervisora, seguían hinchados y enrojecidos.
—Me temo que sí. Le llegó al nervio óptico, y desde allí se extendió al cerebro. El
médico ha dicho que está ocurriendo en algunos casos. —Respiró hondo—.
Especialmente en pacientes con sistema inmunitario deficiente.
—No me lo puedo creer. Dios mío, pobre Venerable anciana —dijo casi sin voz,
lamentándolo sinceramente. Era raro que algo atravesara sus defensas y consiguiera
conmoverla. En aquellos momentos, sentía compasión por alguien de carne y hueso,
no por un mero actor que representaba un papel en una de las series de las que ella
sabía muy bien que no eran reales.
—Al menos ha sido rápido —comentó la supervisora.
—¿Rápido? —farfulló ella frunciendo el ceño debido a la perplejidad.
—Sí, muy rápido. Se quejó de que se encontraba mal justo antes de comer, y de
pronto se sintió muy desorientada y entró en coma. No pudimos hacer nada para
devolverla a la vida. —La supervisora apretó los labios en un gesto de tristeza y bajó
la mirada al suelo. Sacando un pañuelo, se secó primero un ojo y después el otro, sin
que la señora Burrows pudiera saber si era