Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 297
Se puso en pie y avanzó unos pasos.
Hubo un cambio drástico en los sonidos que escuchaba. Se habían vuelto más
suaves, como si el tubo de lava se hubiera hinchado de repente. Avanzó a paso de
tortuga, con el terror de pensar que podía llegar en cualquier momento ante un corte
en vertical del terreno.
Al cabo de unos pocos pasos, los ecos desaparecieron completamente. Al menos
no sonaba nada que pudiera discernir. Sus botas estaban pisando sobre algo diferente
a los usuales restos de desprendimientos depositados en el suelo de los túneles. ¡Eran
guijarros! Estaba pisando guijarros que rechinaban unos contra otros y producían
aquel característico sonido a hueco que no se puede confundir con nada más. Cedían
al peso de su cuerpo y, en el estado de agotamiento en que se encontraba, le
dificultaban aún más el avance.
Entonces aspiró hondo, al notar la humedad en su rostro. Y volvió a aspirar. ¿Qué
era aquello?
«¡Ozono!»
Olía a ozono, aquel aroma que evocaba la playa y las excursiones que hacía a la
costa con su padre. ¿Adónde había ido a parar?