Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 296
desprendimiento detrás de él, y pensó que tal vez fuera demasiado peligroso seguir
gritando, y se quedó en silencio. Pero siguió avanzando, marcando en la cabeza un
ritmo conforme a sus pasos:
«Uno, dos; uno, dos, uno; uno; uno, dos…»
Antes de que pasara mucho tiempo, empezó a ver cosas horribles que se
acercaban a él desde las invisibles paredes. Se dijo a sí mismo que no eran reales, pero
eso no les impedía acercarse.
Estaba desvariando. Se dio cuenta de que acabaría loco, si no lo mataban antes el
hambre y la sed. «Uno, dos; uno, dos…»
Intentó no pensar en otra cosa que en el ritmo de los pasos, y seguir con su paso
lento, pesado y triste, pero las visiones no lo abandonaban. Eran tan vividas y reales
que casi podía olerlas. Hizo un esfuerzo de concentración, tratando de no hacerles
caso, hasta que fueron desapareciendo.
Lamentaba haber tomado la decisión de subirse al Tren de los Mineros para bajar a
las Profundidades. ¿En qué había estado pensando? Perderse de aquella manera,
cuando podía haber subido a la Superficie… Al fin y al cabo, ¿es que en la Superficie
podía haberle ocurrido algo peor que aquello? Porque pasarse la vida huyendo de los
styx no le parecía un destino tan malo, a la vista de lo que le ocurría en las
Profundidades. Por lo menos en la Superficie era imposible verse perdido de aquella
manera.
Volvió a caerse, y esta vez fue una caída bastante mala. Fue a parar encima de unas
rocas recortadas y se golpeó en la cabeza. Rodó y quedó boca arriba, con los brazos y
las piernas abiertos. Levantó los brazos: donde debía haber visto el blanco de la piel
de sus manos, no había ni un atisbo de claridad: todo era exactamente igual de negro.
Era como si hubiera dejado de ex