Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 293

30 Pasaban las horas, y Will tenía la frente y la parte baja de la espalda empapadas en un sudor pegajoso causado tanto por el calor del lugar como por las rachas de implacable terror que se esforzaba por conjurar. Tenía la garganta completamente reseca. Notaba el polvo pegado a la lengua y no tenía bastante saliva para humedecerlo y tragarlo. Volvieron los mareos, y se vio obligado a detenerse cuando sintió que el suelo se balanceaba a sus pies. Se cayó contra la pared, abriendo y cerrando la boca como alguien que se ahoga y murmurando para sí. Haciendo un enorme esfuerzo, se puso derecho y se frotó los ojos con los nudillos, y la presión provocó borrosos estallidos de luminosidad que le ayudaron a tranquilizarse. Pero sólo fue un breve respiro, porque la oscuridad impenetrable regresó invadiéndolo todo. A continuación, tal como había hecho ya muchas veces, se agachó y comenzó a comprobar el contenido de los bolsillos de su pantalón. Era un ejercicio completamente inútil, un ritual que no servía para nada porque se sabía de memoria todo lo que llevaba encima: pero imploraba al cielo que se hubiera olvidado algo las veces anteriores, algo que pudiera utilizar, por insignificante que fuera. Primero se sacó el pañuelo y lo extendió en el suelo, ante él. Después sacó las otras cosas que tenía y las fue poniendo sobre el cuadrado del pañuelo, reconociéndolas por el tacto. Colocó allí su navaja, un cachito de lápiz, un botón, un trozo de cuerda y algunas otras cosas sueltas e inútiles y, por último, la linterna agotada. En aquella oscuridad fue palpando cada uno de los objetos, reconociéndolos con las yemas de los dedos, como si por algún milagro pudiera encontrar su salvación en alguno de ellos. Después lanzó una breve carcajada de decepción. Era inútil. Pero ¿qué demonios estaba haciendo? Y, sin embargo, aún dio a los bolsillos un último repaso, por si se había olvidado de algo. Pero estaban inevitablemente vacíos, salvo por un poco de arenilla que había entrado en ellos. Sopló de pura decepción, preparándose para la última parte del ritual. Cogió la linterna con las dos manos.