Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 293
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Pasaban las horas, y Will tenía la frente y la parte baja de la espalda empapadas en un
sudor pegajoso causado tanto por el calor del lugar como por las rachas de implacable
terror que se esforzaba por conjurar. Tenía la garganta completamente reseca. Notaba
el polvo pegado a la lengua y no tenía bastante saliva para humedecerlo y tragarlo.
Volvieron los mareos, y se vio obligado a detenerse cuando sintió que el suelo se
balanceaba a sus pies. Se cayó contra la pared, abriendo y cerrando la boca como
alguien que se ahoga y murmurando para sí. Haciendo un enorme esfuerzo, se puso
derecho y se frotó los ojos con los nudillos, y la presión provocó borrosos estallidos
de luminosidad que le ayudaron a tranquilizarse. Pero sólo fue un breve respiro,
porque la oscuridad impenetrable regresó invadiéndolo todo.
A continuación, tal como había hecho ya muchas veces, se agachó y comenzó a
comprobar el contenido de los bolsillos de su pantalón. Era un ejercicio
completamente inútil, un ritual que no servía para nada porque se sabía de memoria
todo lo que llevaba encima: pero imploraba al cielo que se hubiera olvidado algo las
veces anteriores, algo que pudiera utilizar, por insignificante que fuera.
Primero se sacó el pañuelo y lo extendió en el suelo, ante él. Después sacó las
otras cosas que tenía y las fue poniendo sobre el cuadrado del pañuelo,
reconociéndolas por el tacto. Colocó allí su navaja, un cachito de lápiz, un botón, un
trozo de cuerda y algunas otras cosas sueltas e inútiles y, por último, la linterna
agotada. En aquella oscuridad fue palpando cada uno de los objetos, reconociéndolos
con las yemas de los dedos, como si por algún milagro pudiera encontrar su salvación
en alguno de ellos. Después lanzó una breve carcajada de decepción. Era inútil.
Pero ¿qué demonios estaba haciendo?
Y, sin embargo, aún dio a los bolsillos un último repaso, por si se había olvidado
de algo. Pero estaban inevitablemente vacíos, salvo por un poco de arenilla que había
entrado en ellos. Sopló de pura decepción, preparándose para la última parte del
ritual. Cogió la linterna con las dos manos.