Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 287
no podría soportarlo. Allí estaba él, a más de ocho mil metros por debajo de la
Superficie de la Tierra, si eran correctos los datos que le había dado Tam. Y estaba
solo, aterrorizado, irremediablemente perdido. Calculaba que llevaba al menos un día
separado de Drake y de los demás. Era muy posible que fuera más tiempo, pero no
tenía ningún modo de averiguarlo.
Cada segundo que pasaba en aquella situación era tan crucial y pavoroso como el
anterior, y tenía la impresión de que se extendían ante él millones de aquellos
horribles segundos. Realmente, no tenía ni idea de cuánto tiempo llevaba por aquellos
túneles interminables, pero si la sequedad de su garganta demostraba algo, tenían que
haber pasado al menos veinticuatro horas. Lo único de lo que estaba completamente
seguro era de que no había tenido tanta sed nunca.
Se levantó y alargó las manos para tocar la pared, pero sus dedos extendidos no
encontraron más que el aire caliente. La pared no estaba donde debía estar. De
repente, se imaginó que se encontraba al borde de un enorme precipicio, y sintió
vértigo. Dio otro paso, sin muchas ganas. El suelo no parecía estar nivelado, pero ni
siquiera de eso podía estar seguro, porque había llegado a un punto en que no sabía si
el suelo estaba inclinado, o era él el que se encontraba torcido. Empezaba a desconfiar
incluso de los sentidos que le quedaban operativos.
El vértigo empeoró. Sintió mareos. Intentó recuperar el equilibrio levantando los
brazos a ambos lados. Después de pasarse un rato en esta posición, como un
espantapájaros torcido, empezó a sentirse más confiado. Dio unos pasos de manera
precavida, pero siguió sin encontrar rastro de la pared. Lanzó un grito y escuchó el
eco.
Había llegado a un espacio amplio, eso era lo que podía decir a partir de las
reverberaciones de su voz. Tal vez se encontrara en la intersección de varios túneles.
Desesperado, intentó contener el creciente pánico. Su respiración, superficial y
ruidosa, y los latidos del corazón le martilleaban en los oídos de manera
desacompasada. Sintió estremecimientos de terror por todo el cuerpo. Y tembló, sin
poder evitarlo, sin saber si lo que tenía era frío o calor.
¿Cómo había podido meterse en aquella situación? La pregunta le daba vueltas en
la cabeza, como una polilla atrapada en una jarra puesta boca abajo sobre la mesa.
Necesitó todo su valor para avanzar otro paso. Pero seguía sin haber pared. Dio
una palmada y escuchó la reverberación del sonido. Estaba claro que se hallaba en un
lugar de mayores dimensiones que un simple túnel, e imploró que no hubiera allí un