Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 282
lápida que sencillamente no había reconocido el alfabeto. Desde luego, no había
conseguido reconocerlo boca abajo.
—¡Es alfabeto fenicio, so imbécil! ¡Lo estabas mirando al revés! ¿Cómo puedes
ser tan tonto?
Empezó a transcribir furiosamente en la página, pero se dio cuenta de que, de tan
nervioso y emocionado como estaba, en vez del lápiz estaba intentando utilizar la cinta
de comida a medio mascar. La tiró al suelo y, usando esta vez el lápiz, garabateó
apresuradamente en el margen, adivinando los símbolos allí donde era necesario, ya
fuera porque su copia había sido deficiente, o porque la propia lápida se encontraba
desgastada o dañada.
—Aleph… lamed… lamed… —murmuraba para sí transcribiendo letra por letra,
dudando al llegar a alguna que estaba poco clara o que él no conseguía recordar a bote
pronto. Pero no le llevó mucho tiempo recordarlas todas, ya que se le daba muy bien
el griego antiguo, cuyo alfabeto descendía directamente del fenicio—. ¡Ya lo tengo,
qué diablos! —gritó, y su voz resonó a su alrededor.
Descubrió que la escritura que había en el medio de la lápida era una especie de
plegaria. Nada que resultara en sí mismo muy emocionante, ¡pero el caso es que podía
entenderlo! Habiendo llegado tan lejos, empezó a examinar el bloque superior, una
vez más, que consistía en una serie de jeroglíficos. Inmediatamente, los símbolos
comenzaron a cobrar sentido para él, ahora que veía los detallados pictogramas en el
sentido correcto.
Los símbolos no tenían nada que ver con los signos mesopotámicos que había
estudiado en su doctorado. Además de recordar que los pictogramas mesopotámicos
eran la forma de escritura más antigua conocida, y que databan del año 3000 A.C. El
doctor Burrows recordaba también que los pictogramas habían ido haciéndose más
esquemáticos con el paso de los siglos. Así, al comienzo, los dibujos eran muy fáciles
de entender (cosas tales como un barco o una fanega de trigo), pero con el tiempo se
volvían más estilizados, algo más parecido a las letras cuneiformes de los bloques
medio e inferior de la lápida. Es decir, se terminaban convirtiendo en un alfabeto.
—¡Sí, sí! —exclamaba, comprobando que la parte superior repetía la plegaria
escrita en el bloque del medio.
Pero no daba la impresión de que la escritura se hubiera desarrollado directamente
a partir de los pictogramas. De repente, quedó apabullado al darse cuenta de las
implicaciones de lo que acababa de averiguar: