Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 280
su sabor era salado, cosa que agradecía porque había sudado a mares siguiendo la
intrincada ruta marcada en el mapa y notaba que los calambres le rondaban las
pantorrillas. Sabía que si no tomaba sal en grandes cantidades muy pronto se vería en
serios problemas.
Se giró para observar la orilla del precipicio. En la oscuridad se perdía el diminuto
camino por el que acababa de descender, que era una peligrosa cornisa tan estrecha
que se había visto obligado a tumbarse contra la superficie de la roca, haciendo el
camino a rastras, muy despacio y con mucho cuidado. Suspiró. No tenía ganas de
repetir la experiencia.
Se quitó las gafas y les dio una pasada a los cristales con la manga raída de la
camisa. Pese a las reservas que albergaba aún con respecto a la exposición a la
radiactividad, se había quitado unos kilómetros antes el traje coprolita, porque era
demasiado incómodo y pesado. En aquellos momentos pensaba que tal vez había
exagerado un poco sobre los riesgos asociados a la radiactividad, entre otras cosas
porque era probable que se concentrara sólo en áreas muy concretas dentro de la
Llanura Grande, y además no había pasado allí mucho tiempo. De todas formas, en
aquellos momentos no podía preocuparse de eso, porque tenía cosas más importantes
en qué pensar. Cogió el mapa y estudió las enmarañadas marcas por enésima vez.
Entonces, con una de aquellas cintas de comida colgada de los labios como un
cigarrillo sin encender, retiró el mapa a un lado y, utilizando como atril la roca más
grande, abrió el diario para comprobar algo que le tenía preocupado. Pasó hojas con
dibujos de las lápidas que había encontrado poco después de su llegada a la Estación
de los Mineros. Localizando uno de los últimos dibujos de la serie, comenzó a
estudiarlo. No estaba muy bien dibujado, debido al estado físico en que se encontraba
entonces, pero a pesar de todo estaba seguro de haber captado lo principal. Siguió
mirándolo durante un rato, y después se echó para atrás en actitud pensativa.
La lápida dibujada en aquella página en concreto era distinta de las otras que había
visto. Para empezar, era más grande, y algunas de las marcas que contenía eran
completamente distintas de todas las demás que se encontraban en aquel sitio.
En la superficie, la lápida tenía tres zonas muy bien definidas, cada una distinta de
la otra. En la superior, la escritura estaba compuesta de extraños signos cuneiformes
(o sea, letras en forma de cuña) que no podía ni empezar a descifrar. Por desgracia,
aquél era el tipo de letra utilizado en todas las demás lápidas que había visto en la
caverna. Era imposible encontrarles algún sentido.