Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 278
Buscó sus cosas de manera desesperada. ¿ Tendría tiempo suficiente de cogerlas? ¿ Se atrevería a intentarlo? No llevaba con él más que la pequeña linterna: ni esferas de luz, ni comida, ni agua. Preso de creciente terror, se quedó allí quieto, observando los diminutos puntos de luz de los styx que se iban haciendo visibles, aparentemente lejanos, pero ya lo bastante cerca para infundirle un pánico atroz.
Había dado unos pasos vacilantes hacia la chaqueta y la mochila cuando oyó un ruido seco y fuerte, como una sonora bofetada, seguido rápidamente por otro igual. Muy cerca de su cabeza, saltaron esquirlas de la roca. Siguieron más disparos de rifle, a un lado y otro de él, pero siempre muy cerca, como una sucesión de truenos. ¡ Aquellos bastardos le estaban disparando! Se agachó mientras otra sucesión de disparos levantaba la tierra a ambos lados de él. Y después vinieron más. Se estaban acercando demasiado. Y parecía que el aire hubiera cobrado vida, silbando al paso de las balas.
Tapando la linterna con la mano, se tiró al suelo. Rodó para ponerse a cubierto tras una roca, al tiempo que una salva de disparos impactaba contra ella, y olió el olor del plomo caliente y de la pólvora. No había nada que hacer. Le apuntaban a él directamente. Parecía que sabían muy bien dónde se encontraba.
Volvió a apoyar los pies en el suelo y, tan agachado que casi formaba una bola, corrió con torpeza hacia el tubo de lava que tenía detrás.
No se detuvo al doblar un recodo del túnel. Llegó al final a una intersección y cogió el túnel de la izquierda, sólo para descubrir que había un enorme precipicio en el camino. Al volver rápidamente atrás, comprendió que su prioridad era poner tanta distancia como fuera posible entre él y los styx. Pero no podía olvidar que tendría que desandar el camino después, si quería encontrar a Drake y los otros. Y sabía que le resultaría imposible hacerlo si se limitaba simplemente a alejarse de aquel lugar. La trama de tubos de lava era compleja, y no era fácil distinguir un túnel del siguiente. Sin dejar algún tipo de señal en la tierra, le sería muy difícil encontrar el camino de regreso.
Dividido entre la necesidad de escapar y la perspectiva de perderse sin duda alguna si continuaba, se detuvo unos segundos en la intersección. Escuchó, preguntándose si los styx lo estarían siguiendo realmente. Cuando oyó el eco de un aullido resonando en el túnel, volvió a correr. No había más remedio que correr. Salió lo más rápido que pudo para alejarse de los styx.
En unas horas cubrió una distancia considerable. No se había dado cuenta de que
Buscó sus cosas de manera desesperada. ¿ Tendría tiempo suficiente de cogerlas? ¿ Se atrevería a intentarlo? No llevaba con él más que la pequeña linterna: ni esferas de luz, ni comida, ni agua. Preso de creciente terror, se quedó allí quieto, observando los diminutos puntos de luz de los styx que se iban haciendo visibles, aparentemente lejanos, pero ya lo bastante cerca para infundirle un pánico atroz.
Había dado unos pasos vacilantes hacia la chaqueta y la mochila cuando oyó un ruido seco y fuerte, como una sonora bofetada, seguido rápidamente por otro igual. Muy cerca de su cabeza, saltaron esquirlas de la roca. Siguieron más disparos de rifle, a un lado y otro de él, pero siempre muy cerca, como una sucesión de truenos. ¡ Aquellos bastardos le estaban disparando! Se agachó mientras otra sucesión de disparos levantaba la tierra a ambos lados de él. Y después vinieron más. Se estaban acercando demasiado. Y parecía que el aire hubiera cobrado vida, silbando al paso de las balas.
Tapando la linterna con la mano, se tiró al suelo. Rodó para ponerse a cubierto tras una roca, al tiempo que una salva de disparos impactaba contra ella, y olió el olor del plomo caliente y de la pólvora. No había nada que hacer. Le apuntaban a él directamente. Parecía que sabían muy bien dónde se encontraba.
Volvió a apoyar los pies en el suelo y, tan agachado que casi formaba una bola, corrió con torpeza hacia el tubo de lava que tenía detrás.
No se detuvo al doblar un recodo del túnel. Llegó al final a una intersección y cogió el túnel de la izquierda, sólo para descubrir que había un enorme precipicio en el camino. Al volver rápidamente atrás, comprendió que su prioridad era poner tanta distancia como fuera posible entre él y los styx. Pero no podía olvidar que tendría que desandar el camino después, si quería encontrar a Drake y los otros. Y sabía que le resultaría imposible hacerlo si se limitaba simplemente a alejarse de aquel lugar. La trama de tubos de lava era compleja, y no era fácil distinguir un túnel del siguiente. Sin dejar algún tipo de señal en la tierra, le sería muy difícil encontrar el camino de regreso.
Dividido entre la necesidad de escapar y la perspectiva de perderse sin duda alguna si continuaba, se detuvo unos segundos en la intersección. Escuchó, preguntándose si los styx lo estarían siguiendo realmente. Cuando oyó el eco de un aullido resonando en el túnel, volvió a correr. No había más remedio que correr. Salió lo más rápido que pudo para alejarse de los styx.
En unas horas cubrió una distancia considerable. No se había dado cuenta de que