Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 277

Y, como descubierto por el flash de una cámara de fotos, le llegó a la retina la imagen de ellos corriendo caóticamente como una manada de gacelas asustadas. Aquel flash había descubierto a Drake que señalaba un punto en la distancia, como si intentara decirle algo a Will. Pero éste no entendía lo que quería decirle. Entonces perdió todo atisbo de Drake y de los demás. Volvió a mirar el lugar donde habían estado sentados. Había dejado allí la chaqueta y la mochila, y sólo se había llevado con él una pequeña linterna de pilas: ¡no tenía nada! El corazón le dio un vuelco, como si se acabara de caer desde lo alto de un edificio de muchas plantas. Tendría que haberles dicho adonde iba. Sabía con toda certeza que, fuera lo que fuera aquello que los hacía huir de manera tan despavorida, tenía que ser algo muy peligroso. Comprendió que también él debería empezar a correr, pero ¿hacia dónde? ¿Debía intentar alcanzarlos? ¿Debía tratar de recuperar la chaqueta y la mochila? ¿Qué demonios debía hacer? Estaba indeciso, sacudido de un lado a otro por un mar de dudas. De pronto, volvió a sentirse como un niño pequeño, y revivió su primer día en la escuela primaria de Highfield. Su padre lo había dejado en la puerta principal y, con su habitual despiste, no se le había ocurrido asegurarse de que Will supiera adonde debía dirigirse. Con creciente pavor, el niño había deambulado por los pasillos vacíos del colegio, sin dirigirse a ningún punto en concreto, perdido y sin tener a nadie a quien preguntar. Will forzó la vista intentando volver a vislumbrar a Drake y a los otros, haciendo todo lo posible por comprender hacia dónde se dirigían. Estaba seguro de que tratarían de refugiarse en alguno de los tubos de lava. Movió la cabeza hacia los lados, en gesto de negación: no, saber eso no le servía de nada, porque había demasiados tubos. Las posibilidades de que él acertara con el que habían elegido ellos eran muy escasas, por no decir nulas. «¿Y ahora qué hago?», se preguntó varias veces, una detrás de otra. Observó el oscuro horizonte hacia donde había señalado Drake. Parecía bastante tranquilo. Imploró que no hubiera nada allí, pero en el fondo se temía que sí, que algo había. ¿Qué era? ¿Qué era lo que los hacía correr de aquel modo? Entonces oyó un ladrido lejano, y se le erizaron los pelos de la nuca. ¡Perros de presa! Se estremeció. Eso sólo podía significar una cosa: que los styx se aproximaban.