Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 273

empezó a hojearlos. Sarah asintió, pero no respondió nada, porque en ese momento se oyó un fuerte ruido metálico que venía de delante. Los Limitadores se movieron, y uno de ellos pasó unos platos de campaña con tiras de cecina y unas tazas de agua de loza descascarillada. Sarah cogió la suya, dio las gracias al hombre, y comieron en silencio mientras el tren volvía a ponerse en marcha. Pero apenas habían recorrido una pequeña distancia cuando el tren volvió a pararse con otra sacudida, para cerrar las compuertas. Rebecca leía el periódico muy atentamente. —¿Qué es todo eso? —preguntó Sarah aguzando la vista para distinguir el titular, que decía «pandemia: ya es oficial»—. ¿Son recientes esos periódicos? —Sí. Los compré esta mañana, cuando estuve en la Superficie. —Cerró el que tenía en las manos y dirigió los ojos hacia lo alto—. ¡Tonta de mí! Se me olvida que conoces bien Londres. Los compré a un tiro de piedra de Saint Edmunds, que seguramente te suena. —El hospital… en Hampstead —concretó Sarah. —Ese exactamente —confirmó Rebecca—. Y no te haces a la idea de las riñas que había ante la puerta de urgencias. Es de alucine: colas de dos kilómetros. —Negó con la cabeza en gesto teatral, y de pronto se paró y sonrió como un gato que acaba de devorar una tarrina de la nata más exquisita. —¿De verdad? —preguntó Sarah. Rebecca se rió: —La ciudad entera está paralizada. Sarah observó con recelo cómo volvía a desplegar el periódico y a meterse en la lectura. ¡Pero aquello no podía ser cierto! Rebecca había estado aquella mañana en el Cuartel, preparándose para el viaje en tren. Sarah la había atisbado varias veces por allí, y otras veces había oído su voz por los pasillos. Entre una de esas ocasiones y la siguiente no podía haber pasado más de una hora, así que ése era el tiempo del que había dispuesto para salir del edificio. En ese tiempo no podía haber subido a Highfield y vuelto, no digamos ya a Hampstead. Rebecca tenía que estar mintiendo. Pero ¿por qué? ¿Estaba jugando con ella, para ver cómo reaccionaba, o tal vez haciendo una exhibición de su autoridad, de su poder sobre ella? Sarah estaba tan perpleja que no preguntó más sobre las no