Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 265

Relájate —volvió a decirle—, y tómate tu tiempo. Chester aún parecía encontrarse muy incómodo, y sin querer volvió a erguir los hombros. Pasó una eternidad hasta que por fin encontró la cuerda del detonador. Y entonces, ninguno de ellos pudo creer lo que vio. Esta vez no hubo lluvia de polvo, ni silbido de rebote. Con un ruido seco, el proyectil dio de lleno en la piedra y la hizo perderse en el túnel. —¡Bravo! ¡Sí señor! —dijo Drake dándole al atónito muchacho unas palmadas en la espalda—. ¡Has dado en el blanco! —¡La muñeca es para el caballero! —dijo Will riéndose. Chester se había quedado sin palabras. Miraba al lugar en que había estado la piedra, parpadeando y sin poder dar crédito a sus ojos. Will y Cal le dieron mil enhorabuenas, pero él no sabía qué decir, porque estaba completamente anonadado por su propio éxito. Comprendieron que la sesión de entrenamiento había llegado a su fin cuando Drake se apresuró a guardar los explosivos y los cócteles en el rollo de tela y los volvió a meter en su mochila. Sin embargo, dejó en la arena uno, un cilindro de tamaño mediano. Will lo miraba, preguntándose si debería advertir a Drake del olvido, cuando comprendió el motivo por el que el cilindro se había quedado fuera. Una piedra voló ante ellos y cayó al suelo, rebotando hasta que fue a detenerse en la pizarra, junto a los pies de Drake. Era la misma piedra a la que con tanto éxito había disparado Chester. Una voz rasposa y ceceante salió de las sombras de forma desagradable, como si se tratara de un olor asqueroso. —Siempre dispuesto a hacer un poco de teatro. ¿No serás tú, Drake? Will miró inmediatamente a Drake, que estaba atento, vigilando las sombras, con el cóctel listo en las manos. No había adoptado en absoluto una postura amenazadora, ni siquiera defensiva, pero antes de que se bajara la lente para ponerla