Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 263

que más queráis, no lo dejéis caer.
Guardando un religioso silencio, los chicos se lo pasaron de uno a otro, sosteniéndolo con cuidado mientras miraban el extremo más pesado, que albergaba el detonador. Cal se lo devolvió a Drake, que lo depositó de nuevo en la arena. A continuación, con un gesto de la mano, les señaló otros cilindros.— Estos son más fáciles de transportar, y se detonan como las verdaderas armas de fuego. Todos tienen espoletas mecánicas bastante parecidas al martillo de los antiguos rifles de chispa.— Dudó un momento sobre cuál de ellos coger, y al final eligió uno del medio. Era casi del mismo tamaño que algunos de los cohetes de fuegos artificiales que Will había lanzado en la Ciudad Eterna, de unos quince centímetros de largo y varios de diámetro. Su recubrimiento mostraba un leve brillo bajo las luces de las lámparas. Drake se volvió de lado para mostrar la postura correcta.— Como todas estas armas, estos cilindros son de un solo tiro. Y cuidado con el retroceso: si os los ponéis cerca del ojo, lo lamentaréis. Como las demás armas, se accionan por un muelle que hay detrás … Se disparan tirando de la cuerda.— Se aclaró la garganta y los miró—. En fin, ¿ alguien quiere probar? Los tres asintieron con la cabeza con mucho entusiasmo.— Bueno, dispararé yo una primero para mostraros cómo se hace.— Avanzó unos pasos y buscó por el suelo hasta que encontró una piedra del tamaño de una caja de cerillas. Después caminó otros veinte pasos hasta una peña que había en el medio de la intersección, en la que colocó la piedrecita en equilibrio. Se volvió y cogió un cóctel, no de los que había colocado en la arena, sino de los de la cartuchera que llevaba sujeta a la cadera. Los muchachos se juntaron a su lado, empujándose para ver mejor—. Separaos un poco, ¿ queréis? De vez en cuando, el tiro sale por la culata.—¿ Qué quiere decir eso?— preguntó Will—. Que te puede dar en los morros. La advertencia fue bien entendida por los muchachos, en especial por Chester, que se apartó bastante: tanto que casi quedó con la espalda apoyada contra la pared del túnel. Will y Cal eran menos prudentes, y se colocaron a sólo unos metros por detrás de Drake. Cal se inclinaba sobre el bastón con ambas manos y daba muestras de total atención. Tenía todo el aspecto de esos que van a una partida de caza sólo a mirar.
Drake se tomó su tiempo para apuntar, y después disparó. Los muchachos, los tres a la vez, se estremecieron ante el retumbar del arma. A diez metros de distancia vieron el impacto en la peña, de la que saltaron fragmentos y polvo. La piedra que hacía de
que más queráis, no lo dejéis caer.
Guardando un religioso silencio, los chicos se lo pasaron de uno a otro, sosteniéndolo con cuidado mientras miraban el extremo más pesado, que albergaba el detonador. Cal se lo devolvió a Drake, que lo depositó de nuevo en la arena. A continuación, con un gesto de la mano, les señaló otros cilindros.— Estos son más fáciles de transportar, y se detonan como las verdaderas armas de fuego. Todos tienen espoletas mecánicas bastante parecidas al martillo de los antiguos rifles de chispa.— Dudó un momento sobre cuál de ellos coger, y al final eligió uno del medio. Era casi del mismo tamaño que algunos de los cohetes de fuegos artificiales que Will había lanzado en la Ciudad Eterna, de unos quince centímetros de largo y varios de diámetro. Su recubrimiento mostraba un leve brillo bajo las luces de las lámparas. Drake se volvió de lado para mostrar la postura correcta.— Como todas estas armas, estos cilindros son de un solo tiro. Y cuidado con el retroceso: si os los ponéis cerca del ojo, lo lamentaréis. Como las demás armas, se accionan por un muelle que hay detrás … Se disparan tirando de la cuerda.— Se aclaró la garganta y los miró—. En fin, ¿ alguien quiere probar? Los tres asintieron con la cabeza con mucho entusiasmo.— Bueno, dispararé yo una primero para mostraros cómo se hace.— Avanzó unos pasos y buscó por el suelo hasta que encontró una piedra del tamaño de una caja de cerillas. Después caminó otros veinte pasos hasta una peña que había en el medio de la intersección, en la que colocó la piedrecita en equilibrio. Se volvió y cogió un cóctel, no de los que había colocado en la arena, sino de los de la cartuchera que llevaba sujeta a la cadera. Los muchachos se juntaron a su lado, empujándose para ver mejor—. Separaos un poco, ¿ queréis? De vez en cuando, el tiro sale por la culata.—¿ Qué quiere decir eso?— preguntó Will—. Que te puede dar en los morros. La advertencia fue bien entendida por los muchachos, en especial por Chester, que se apartó bastante: tanto que casi quedó con la espalda apoyada contra la pared del túnel. Will y Cal eran menos prudentes, y se colocaron a sólo unos metros por detrás de Drake. Cal se inclinaba sobre el bastón con ambas manos y daba muestras de total atención. Tenía todo el aspecto de esos que van a una partida de caza sólo a mirar.
Drake se tomó su tiempo para apuntar, y después disparó. Los muchachos, los tres a la vez, se estremecieron ante el retumbar del arma. A diez metros de distancia vieron el impacto en la peña, de la que saltaron fragmentos y polvo. La piedra que hacía de