Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 258
Elliott le dio la espalda.
—Volvemos —dijo, y salieron juntos por donde habían llegado: por el túnel oval.
El regreso fue tranquilo y sin incidentes. Hicieron un alto para que Elliott pudiera
recoger la ostra de cueva, que seguía donde la había dejado metida. Su único pie
mocho había estado trabajando intensamente desde entonces, moviéndose hacia los
lados en un intento de darse la vuelta y segregando una desagradable espuma blanca
que caía de la concha formando grandes grumos. Pero eso no hizo vacilar a Elliott,
que envolvió con un trozo de tela la voluminosa concha del animal y se lo metió en el
bolso. Mientras lo hacía, Will observaba su rostro por la mira. Estaba seria, nada
sonriente, muy distinta a como la había visto hacía sólo unas horas.
Lamentaba haberse dejado llevar por la ira. Comprendía que había hecho mal en
decirle lo que le había dicho. Había cometido un error espantoso y se preguntaba qué
podría hacer para corregirlo. Se mordió un lado de la boca, de pura frustración,
mientras pensaba en lo que podía decir. Entonces, sin dirigirle una palabra, ni siquiera
una mirada, Elliott penetró en el agua del sumidero y desapareció. Observó la
agitación del agua, la película de polvo que ondulaba en círculos excéntricos y sintió
ganas de llorar. Pero tomó aire y la siguió. Notó que la completa inmersión en el agua
oscura y cálida le hacía sentirse bien. Era como si le apartara los problemas de la
mente.
Al salir del agua, y mientras se pasaba las manos por la cara para limpiársela, se
sentía aliviado, como nuevo. Pero en cuanto volvió a posar los ojos en Elliott, que le
esperaba en la cámara dorada, volvió a sentirse incómodo y confuso.
No entendía a las chicas. Por lo que a él concernía, eran completamente
insondables e incomprensibles. Daba la impresión de que sólo decían parte de lo que
estaban pensando, y de pronto s