Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 256
preguntándose adonde llevaría. Aunque no podía ver nada, usó las manos para tentar las paredes, y se dio cuenta de que el túnel tenía una forma aproximadamente oval, y casi un metro de lado a lado. Siguió a Elliott guiándose por el oído, pero en algunos tramos la grava acumulada y los trozos de piedra que había en el suelo le dificultaban el avance, y tenía que arrastrarse impulsando la grava hacia atrás, como hace un nadador con el agua.
El pasadizo empezó a ascender abruptamente, y los movimientos de Elliott, que iba delante, desprendían montones de grava que terminaban dándole en la cara. Sin atreverse a quejarse, se detuvo varias veces para sacudirse el polvo y la arenilla.
Entonces dejó de oírla. Estaba a punto de llamarla cuando oyó la reverberación de sus movimientos, proveniente de un espacio mucho más amplio. Recorrió el tramo final del estrecho pasadizo, que era casi vertical, y utilizando la mira, vio que se hallaban en una galería de unos diez metros por cincuenta. Elliott estaba tendida junto a una grieta que había en el suelo. El se sacudió y empezó a toser a causa de todo el polvo que había respirado.— Silencio— gruñó ella. Él logró apagar el ruido de sus toses con la manga de la camisa, y después se acercó a ella y se tendió a su lado. Miraron a través de aquella grieta de forma recortada. Desde una altura de vértigo, contemplaban una cámara tan grande como una catedral. Muy abajo, distinguía el destello borroso de muchos puntos de luz. Se retiró un poco de la grieta y, ladeando la cabeza, consiguió una mejor vista del espacio que tenía a sus pies, donde había máquinas de aspecto bastante extraño. A la luz que las envolvía, Will pudo contar hasta diez de aquellas máquinas, situadas en fila.
Tenían forma de cilindros cortos y gruesos, con una especie de rueda dentada en uno de los extremos. Le recordaron antiguas fotos que había visto de la maquinaria empleada en la excavación y construcción del viejo metro de Londres. Pensó enseguida que eran también maquinaria de excavación. Después vio varios grupos de coprolitas parados, y un puñado de styx que los observaban a distancia. Vio el rifle que Elliott tenía junto a sí y se preguntó si pensaría usarlo. Desde donde se encontraba, no le costaría trabajo liquidarlos.
Varios minutos después, se pusieron de pronto en movimiento. Algunos de los coprolitas empezaron a moverse lentamente, mientras los styx caminaban detrás de ellos, en actitud amenazante, con sus largos rifles en las manos. Al subirse a las extrañas máquinas, los bulbosos coprolitas parecían diminutos en el interior de ellas.
preguntándose adonde llevaría. Aunque no podía ver nada, usó las manos para tentar las paredes, y se dio cuenta de que el túnel tenía una forma aproximadamente oval, y casi un metro de lado a lado. Siguió a Elliott guiándose por el oído, pero en algunos tramos la grava acumulada y los trozos de piedra que había en el suelo le dificultaban el avance, y tenía que arrastrarse impulsando la grava hacia atrás, como hace un nadador con el agua.
El pasadizo empezó a ascender abruptamente, y los movimientos de Elliott, que iba delante, desprendían montones de grava que terminaban dándole en la cara. Sin atreverse a quejarse, se detuvo varias veces para sacudirse el polvo y la arenilla.
Entonces dejó de oírla. Estaba a punto de llamarla cuando oyó la reverberación de sus movimientos, proveniente de un espacio mucho más amplio. Recorrió el tramo final del estrecho pasadizo, que era casi vertical, y utilizando la mira, vio que se hallaban en una galería de unos diez metros por cincuenta. Elliott estaba tendida junto a una grieta que había en el suelo. El se sacudió y empezó a toser a causa de todo el polvo que había respirado.— Silencio— gruñó ella. Él logró apagar el ruido de sus toses con la manga de la camisa, y después se acercó a ella y se tendió a su lado. Miraron a través de aquella grieta de forma recortada. Desde una altura de vértigo, contemplaban una cámara tan grande como una catedral. Muy abajo, distinguía el destello borroso de muchos puntos de luz. Se retiró un poco de la grieta y, ladeando la cabeza, consiguió una mejor vista del espacio que tenía a sus pies, donde había máquinas de aspecto bastante extraño. A la luz que las envolvía, Will pudo contar hasta diez de aquellas máquinas, situadas en fila.
Tenían forma de cilindros cortos y gruesos, con una especie de rueda dentada en uno de los extremos. Le recordaron antiguas fotos que había visto de la maquinaria empleada en la excavación y construcción del viejo metro de Londres. Pensó enseguida que eran también maquinaria de excavación. Después vio varios grupos de coprolitas parados, y un puñado de styx que los observaban a distancia. Vio el rifle que Elliott tenía junto a sí y se preguntó si pensaría usarlo. Desde donde se encontraba, no le costaría trabajo liquidarlos.
Varios minutos después, se pusieron de pronto en movimiento. Algunos de los coprolitas empezaron a moverse lentamente, mientras los styx caminaban detrás de ellos, en actitud amenazante, con sus largos rifles en las manos. Al subirse a las extrañas máquinas, los bulbosos coprolitas parecían diminutos en el interior de ellas.