Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 255

—Sé por dónde ando. Esto no había manera de preverlo. Te aseguro que si hubiera venido con Drake les hubiéramos dado su merecido a los styx, y sus cuerpos hubieran quedado bajo el montón de piedras de un desprendimiento. —¡Pero no has venido con Drake! —le contestó—. ¡Has venido conmigo! —Asumimos riesgos todos los días —explicó ella—. Si tú no lo haces, puedes irte, vivir toda tu vida arrastrado y pudrirte —añadió con frialdad al tiempo que empezaba a andar, pero de pronto se paró y volvió la cabeza para mirarlo de frente—. Y si me vuelves a hablar de esa manera, ahí te quedas. Piense lo que piense Drake, no creo que nos hagas ninguna falta. Pero nosotros a ti, ya lo creo que te hacemos falta. ¿Lo entiendes? A Will se le pasó la furia de inmediato. No sabía qué decir, porque estaba ya arrepentido de su arrebato. Elliott no se movió, esperando su respuesta. —Eh… sí… perdona —murmuró él. Se sentía de pronto desinflado, apabullado al darse cuenta de hasta qué punto él y los otros dos dependían de Elliott y de Drake para vivir dignamente. Era demasiado evidente que no habrían sobrevivido mucho tiempo en aquella tierra salvaje y sin ley si ellos no hubieran aparecido para rescatarlos. El, Chester y sobre todo Cal estaban vivos gracias a la destreza duramente adquirida a lo largo de los años por ellos dos, y lo menos que podían hacer era sentirse agradecidos. Elliott se volvió, y Will acomodó el paso al de ella. —Lo siento —repitió hablando a la oscuridad que tenía ante él. Pero ella no le contestó. Una hora después, tras meterse por una confusa maraña de galerías conectadas unas con otras, Elliott se detuvo. Buscaba algo en la base de la pared. Esparcidos por el suelo, había restos de desprendimientos, entre los cuales se veían unas losas grandes como escudos que la chica utilizaba para pisar. A continuación se detuvo. —Ayúdame con esto —dijo ella con aspereza, y empezó a levantar una de las losas. Will agarró por el otro lado y entonces, al levantarla, tensos por el esfuerzo, descubrieron un pequeño agujero en el suelo. —No te separes de mí, porque hay cuevas de hormigas rojas por todo el camino —le aconsejó. Will recordó que en una ocasión el tío Tam les había hablado de lo peligrosas que eran las hormigas rojas, pero pensó que no era el momento propicio para preguntarle a Elliott de qué clase de bichos se trataba realmente. La muchacha se agachó de inmediato y empezó a meterse por el agujero, y Will la siguió muy obediente,