Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 254
estremecimiento. Se le revolvieron las tripas. Sin mirarse los dedos ni la mano, la
acercó un poco a la nariz y notó el rancio olor de muerte pasada. Apartó la mano al
instante, alejándola todo lo posible. Sintió náuseas y respiró varias veces,
rápidamente. Se frotó la mano en la tierra, usando la otra para restregársela una y otra
vez con puñados de arena.
—¡Qué asco! —exclamó, volviendo a olerse la mano.
Se echó atrás, pero no tan violentamente esta vez, porque el hedor ya no era tan
fuerte.
—¿Cómo puede nadie llevar esta vida? —murmuró entre dientes.
—Nos acostumbramos —respondió Elliott en voz baja—. Esto es lo que Drake y
yo hacemos cada día. —Levantó el rifle para mirar hacia el final del túnel, añadiendo
en voz baja—·: Simplemente para sobrevivir.
Ella empezó a marchar delante de él, no de regreso a la llanura, sino hacia dentro
del túnel. Will no tenía ganas de seguir con la excursión: se tambaleaba de puro
cansancio. Aún tenía la carne de gallina, pensando en el cadáver en el que había
hundido los dedos. De pronto se sintió enojado consigo mismo, y también por los
hombres de las estacas y por el hecho de que Rebecca parecía tener algo que ver en
todo aquello. ¿Se libraría de ella algún día?
—¡Date prisa! —susurró Elliott con brusquedad, porque él iba arrastrando los
pies.
Will se paró en seco, farfullando: «Yo… yo…» Tal vez no fuera más que una
secuela del terror que había padecido, pero el caso es que se puso furioso, se sintió
imbuido de una ira repentina a la que necesitaba dar rienda suelta. Y encontró una
víctima en la pequeña muchacha que tenía ante él.
Levantó la mira con un gesto violento, y con las manos temblorosas intentó
enfocar la cara de Elliott.
—¿Por qué me has traído aquí? ¡Casi nos atrapan por tu culpa! —fue la acusación
que lanzó con toda su ira a la silueta de color ámbar—. Nunca tendríamos que
habernos metido en este agujero, y menos con todos esos styx tan cerca. El perro
podía habernos devorado a los dos. Me habían dicho que eras buena en esto. —Y a
partir de ahí, la furia lo ahogó de tal modo que apenas consiguió seguir hablando—:
Pensaba que sabías por dónde andabas, pero la verdad es que tú…
Elliott estaba completamente quieta, sin que aparentemente aquel arrebato la
afectara en absoluto.