Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 249
—¡Will! —exclamó Elliott de pronto interrumpiendo sus pensamientos. Ya no
estaba observando los cadáveres, sino mirando a uno y otro lado del ancho túnel, con
los sentidos aguzados.
—¿Qué pasa? —preguntó él.
—¡Escóndete! —le susurró.
No dijo más. Will la miró sin saber a qué se refería. Elliott estaba de pie junto al
cadáver del último de los renegados, en la pared opuesta del túnel. Se movió tan
rápido que él apenas pudo seguirla por la mira. Encontró una depresión en el suelo,
un pequeño hoyo, y pegando el rifle a su cuerpo, se metió en el hoyo, boca abajo.
Will ya no la veía. Había quedado completamente fuera de la vista.
Él miró rápidamente a su alrededor, buscando con desesperación un agujero
similar en el suelo del túnel, pero no vio ninguno. ¿Adónde podía ir? Tenía que
encontrar un lugar en qué esconderse, pero ¿dónde? Anduvo de un lado a otro,
deslizándose por detrás de los cadáveres de los coprolitas, pero no había nada que
hacer. El suelo era llano, incluso se levantaba ligeramente en la proximidad de la
pared.
Al oír un ruido, se quedó paralizado.
Era el ladrido de un perro.
¡De un perro de presa!
No sabía de dónde provenía.
Y estaba totalmente indefenso.