Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Página 247
dejan. —Will observaba las ágiles piernas que hacían la demostración, maravillándose
de aquella destreza que parecía ser en ella completamente natural.
»Y también tendrás que aprender a buscar —dijo ella de pronto al ver algo en la
roca, a su lado—. Si sabes mirar, te darás cuenta de que tienes mucha comida cerca de
ti. Como esto, que es una ostra de cueva.
Will no tenía ni idea de a qué se refería, cuando la vio dirigirse hacia lo que
pensaba que no era más que un saliente en la roca. Con la hoja del cuchillo, Elliott
empezó a hurgar alrededor del saliente. Después volvió a guardarse el cuchillo y se
puso un par de guantes.
—Los bordes son cortantes —explicó introduciendo los dedos en el espacio que
había abierto.
Tomando aire, tiró con ambas manos. La roca cedió poco a poco, haciendo un
lento ruido de succión. Después, sonando de manera parecida a como suena un huevo
al cascarse, la pieza de roca se desprendió y ella retrocedió un par de pasos.
—¡Aquí la tienes! —dijo en tono triunfal, y levantó la ostra para que él lo
observara. Era más o menos del tamaño de medio balón de fútbol, y cuando Elliott le
dio la vuelta para mostrársela a Will, se encogió. La parte de abajo era carnosa y
correosa, con una franja de pequeños filamentos en su circunferencia. Fuera lo que
fuera, no había duda de que se trataba de un animal.
—¿Qué demonios es eso? —preguntó el chico—. ¿Una lapa gigante o algo así?
—Ya te lo he dicho: es una ostra de cueva. Se alimentan de las algas de la toba que
rodean los pozos de agua. Cruda sabe repugnante, pero hervida está bastante buena.
—Al apretar con el pulgar en medio de la carne, el animal se incorporó un poco y
empezó a extender un tronco grande y carnoso, parecido al pie reptante de un caracol,
pero varias veces más grande. Elliot se agachó entonces y metió con cuidado el animal
boca abajo entre dos piedras—. Es para que no se vaya por ahí y nos espere aquí hasta
que volvamos.
No hubo incidentes en el recorrido por la Llanura Grande, aunque se vieron
obligados a cruzar varios canales usando como puentes las estrechas compuertas. Will
tenía que esforzarse para ir al paso de Elliott, que se desplazaba a una velocidad
asombrosa. Intentó pisar como ella le había enseñado, pero no pasó mucho tiempo
hasta que el empeine le empezó a doler de tal manera que tuvo que desistir.
Elliott empezó a ir más despacio cuando se hizo visible la pared de la caverna.
Examinó detenidamente los alrededores con la mira de su rifle, y a continuación le