Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 246
—Estupendo —comentó Will—. ¿Y cómo funciona?, ¿con pilas?
—¿Pilas? No sé qué es eso —respondió ella, pronunciando la palabra como si
fuera la primera vez que la oía—. Dentro de cada mira hay una pequeña esfera de luz
junto con otras cosas. No sé más.
Will giró lentamente sobre los talones, mirando por el aparato hacia el final del
túnel de lava. Por el camino apareció un momento el rostro de Elliott.
Bajo aquel etéreo resplandor ambarino, su piel resultaba lisa y radiante, como
bañada por una suavísima luz diurna. La chica parecía hermosa y muy joven, y sus
pupilas brillaban como dos chispas. Pero aún resultaba más impactante el hecho de
que estaba sonriendo, algo que no le había visto hacer hasta aquel momento.
Sonriéndole a él. Eso produjo en Will una sensación cálida que le resultaba nueva y
desconocida. Sin querer, sin darse cuenta, lanzó un suspiro, pero enseguida,
implorando que ella no lo hubiera oído, trató de recuperar la respiración normal.
Siguió moviendo la mira en arco hacia el otro extremo del túnel, como si quisiera
familiarizarse con el instrumento, pero sus pensamientos no tenían nada que ver con
él.
—Bueno —dijo ella con suavidad, echándose la shemagh a la cabeza—. Sígueme,
compañero.
Caminaron por el tubo de lava y se detuvieron brevemente en la caverna dorada
para meter las cosas en una bolsa impermeable que llevaba Elliott, antes de sumergirse
en el sumidero. Al llegar al otro lado, volvieron a parar para arreglarse.
—¿Te puedo dar un pequeño consejo? —preguntó ella mientras él volvía a atarse
al muslo la cartuchera de los cócteles.
—Por supuesto. ¿De qué se trata? —respondió él sin tener ni idea de lo que iba a
decirle.
—Es la manera en que te mueves. Cuando pisas lo haces como los demás. Hasta
Drake camina de la misma manera. Intenta utilizar la parte de delante del pie…
Quédate más tiempo sobre los dedos, antes de descargar el peso en el talón. Mírame
por la mirilla.
Will hizo lo que le decía, observando cómo daba ella cada paso, moviéndose
como un gato que se acerca a hurtadillas a su presa. A través de la mira, sus botas y
pantalones, empapados en el agua del sumidero, brillaban con un resplandor amarillo
claro que se desplazaba a lo largo del campo de visión.
—Esta manera de andar reduce el ruido de los pasos, e incluso las huellas que se