Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 230

preguntaba si Chester lo estaría pasando tan mal como él. No facilitaba las cosas el hecho de que Cal no parara de moverse y de contorsionarse. Evidentemente, no tenía ni idea de lo que ocurría, y trataba de desembarazarse de ellos. Al fin llegaron al perímetro de la Llanura Grande. Tanto Will como Chester tenían deseos de dejarse caer porque las piernas no los sostenían. Entraron en un sinuoso tubo de lava y, al doblar un recodo, Drake se volvió hacia ellos. —Esperad un segundo —les mandó, y se quitó del hombro una de las mochilas—. Bebed un poco de agua. Hemos dejado la llanura antes de lo que deberíamos… De esta forma es más seguro, pero la vuelta se nos hará más larga. Agradecidos, se dejaron caer en el suelo, con Cal en medio de los dos. —Elliott, prepara un par de cables trampa —dijo Drake. La chica surgió de la nada ante el débil haz de luz de la lamparilla de Drake y se agachó para colocar algo junto a la pared de piedra. Era un cilindro pequeño y grueso, más pequeño que una lata de alubias cocidas y de color marrón apagado. Lo sujetó bien a una roca por medio de una correa, y después tendió de un lado a otro del túnel un cable tirante, tan fino que Will y Chester apenas conseguían verlo. Sujetó el cable a un saliente del lado opuesto, y tiró suavemente de él con los dedos. Sonó como la cuerda de una guitarra. —Perfecto —susurró, volviendo a donde había puesto el cilindro. Se tendió allí delante, extrajo de él, con mucho cuidado, un pequeño gancho y se levantó—. Ya está —dijo en voz baja. Drake se volvió hacia los chicos. —Ahora tenemos que avanzar un poco para que Elliott pueda poner el segundo cable —ordenó recogiendo la mochila. Will y Chester se pusieron en pie lentamente y volvieron a levantar a Cal. Para entonces, éste había empezado a emitir sonidos extraños, absurdos, a gruñir y a gañir, intercalando entre aquellos sonidos alguna palabra apenas reconocible como «hambre» y «sed». Pero ninguno de los dos tenía en aquel momento fuerzas ni tiempo para preocuparse de eso. Lo desplazaron unos cientos de metros y volvieron a detenerse cuando lo hizo Drake. —¡No, no os sentéis! —les dijo. Así que permanecieron en pie mientras Elliott colocaba otro cable trampa, como los llamaba Drake. —¿Para qué sirven? —preguntó Will apoyándose contra la pared del tubo de lava