Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 228

caminar en círculos pequeños. La cabeza se le movía hacia todos lados, pero era incapaz de arrastrar un pie por sí mismo. Drake había salido del canal y estaba en la orilla, en cuclillas, mientras Elliott observaba el horizonte por la mira del rifle. Pero los esfuerzos de Will y Chester no parecían suficientes. Al cabo de un rato, los ojos de Cal se cerraron y su boca dejó de moverse, mientras volvía a sumirse en la inconsciencia. —¡Alto! —dijo Drake, poniéndose en pie. Se acercó a los chicos y, sujetando la cabeza del niño con una mano, con la otra le dio bofetadas sin compasión. Lo hizo una y otra vez. A Will le pareció que el color azul de las mejillas empezaba a remitir. Las cejas de Cal comenzaron a moverse convulsivamente, y Drake se detuvo mirando su cara con detenimiento. —Lo hemos recuperado justo a tiempo. Un poco más y los narcóticos habrían acabado con él, y las esporas habrían empezado a arraigar —explicó Drake—. Con el tiempo se habrían alimentado de él, usándolo como una especie de abono humano. —¿Esporas? —preguntó Will. —Sí, esto. —Con el pulgar, Drake frotó con fuerza una de las heridas blancas del cuello. Un poco de aquella blancura se desprendió para dejar al descubierto una piel azul aún más brillante, que rezumaba unas minúsculas gotitas de sangre, como si hubiera sido raspada—. Germinan como éstas, y echan una especie de raíces que crecen en la carne de la víctima, absorbiendo todos los nutrientes de sus tejidos vivos. —Pero se pondrá bien, ¿no? —se apresuró a preguntarle Will. —Ha pasado ahí mucho tiempo —respondió Drake encogiéndose de hombros—. Pero recordad, si sois lo bastante tontos para tropezar dos veces en la misma piedra y os volvéis a meter en una trampa de azúcar, tenéis que despertar a la víctima con un buen golpe. El sistema nervioso se va apagando, y necesita un buen choque emocional para volver a reactivarse. Una manera de hacerlo es meterlo bajo el agua: hay que ahogarlos para salvarlos. Cal parecía volver a desvanecerse, así que Drake volvió a darle bofetadas tan fuertes que el ruido le hacía daño a Will en los oídos. Entonces, de pronto, el niño echó atrás la cabeza. Aspiró hondo y a continuación lanzó los gritos más espantosos que puedan imaginarse. Will y Chester se estremecieron. Eran gritos sobrehumanos, como de una bestia, gritos que reverberaron en el desierto de polvo que los rodeaba. Pero a Will y Chester les dieron esperanzas, como si se tratara del primer llanto de un