Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 227

ligeramente bajo su mano. Levantó a Cal del agua hasta que quedó visible la mitad de su cuerpo, y después lo sacudió rudamente. La cabeza del niño iba de un lado a otro como si fuera a desprenderse de los hombros. Después Drake se detuvo y dejó quieto a Cal para mirarle la cara.— Enfocadle con las lámparas— les dijo. Will y Chester hicieron de inmediato lo que él les mandaba. El rostro de Cal tenía un aspecto horrible: era de un color azul, cadavérico, lleno de manchas blancas. No parecía haber el más leve indicio de vida. Nada. Will empezaba a desesperarse, pensando que todo aquello era una pérdida de tiempo. Su hermano estaba muerto y nadie podía hacer nada para cambiar la realidad. Entonces Drake volvió a sacudir al niño y le dio bofetadas en la cara. Tanto Will como Chester oyeron un jadeo. La cabeza de Cal se movió. Respiró ligeramente, y después, de manera muy débil, tosió.
—¡ Gracias a Dios, gracias a Dios!— repetía Chester una y otra vez. Will y él se miraron uno al otro, con los ojos desorbitados, sin podérselo creer. Will se limitaba a mover la cabeza hacia los lados, negando. Estaba anonadado. Hasta ese momento, no se había atrevido a albergar ninguna esperanza, y aquello que veía sobrepasaba cualquier desbocado deseo que hubiera podido concebir: ante sus propios ojos, su hermano parecía volver de la muerte.
Cal volvió a respirar dos veces con dificultad; después, de nuevo, tosió, ya con más fuerza. Y a partir de ahí siguió tosiendo sin parar, emitiendo ruidos broncos, como si no pudiera meter suficiente aire en los pulmones. Agitó la cabeza de un lado a otro, espasmódicamente, y terminó vomitando hasta las entrañas.—¡ Vamos, chaval, muy bien!— dijo Drake sosteniéndolo—. ¡ Eso es! El hombre se colocó de manera adecuada para poder izar a Cal tan alto como pudo.— Cogedlo— les dijo. Will y Chester lo agarraron por debajo de los brazos y, tras sacarlo del canal, lo depositaron en la orilla.—¡ No, no lo acostéis!— dijo Elliott—. Mantenedlo de pie. Quitadle la camisa y hacedle andar, que no pare de moverse. Eso le ayudará a echar fuera el veneno.
Al quitarle la camisa pudieron contemplar la piel azulada de Cal. Tenía el cuerpo acribillado de heridas blancas, prominentes. Los ojos los tenía abiertos y muy enrojecidos, y la boca se le movía sin articular palabra. Uno a cada lado, le hicieron
ligeramente bajo su mano. Levantó a Cal del agua hasta que quedó visible la mitad de su cuerpo, y después lo sacudió rudamente. La cabeza del niño iba de un lado a otro como si fuera a desprenderse de los hombros. Después Drake se detuvo y dejó quieto a Cal para mirarle la cara.— Enfocadle con las lámparas— les dijo. Will y Chester hicieron de inmediato lo que él les mandaba. El rostro de Cal tenía un aspecto horrible: era de un color azul, cadavérico, lleno de manchas blancas. No parecía haber el más leve indicio de vida. Nada. Will empezaba a desesperarse, pensando que todo aquello era una pérdida de tiempo. Su hermano estaba muerto y nadie podía hacer nada para cambiar la realidad. Entonces Drake volvió a sacudir al niño y le dio bofetadas en la cara. Tanto Will como Chester oyeron un jadeo. La cabeza de Cal se movió. Respiró ligeramente, y después, de manera muy débil, tosió.
—¡ Gracias a Dios, gracias a Dios!— repetía Chester una y otra vez. Will y él se miraron uno al otro, con los ojos desorbitados, sin podérselo creer. Will se limitaba a mover la cabeza hacia los lados, negando. Estaba anonadado. Hasta ese momento, no se había atrevido a albergar ninguna esperanza, y aquello que veía sobrepasaba cualquier desbocado deseo que hubiera podido concebir: ante sus propios ojos, su hermano parecía volver de la muerte.
Cal volvió a respirar dos veces con dificultad; después, de nuevo, tosió, ya con más fuerza. Y a partir de ahí siguió tosiendo sin parar, emitiendo ruidos broncos, como si no pudiera meter suficiente aire en los pulmones. Agitó la cabeza de un lado a otro, espasmódicamente, y terminó vomitando hasta las entrañas.—¡ Vamos, chaval, muy bien!— dijo Drake sosteniéndolo—. ¡ Eso es! El hombre se colocó de manera adecuada para poder izar a Cal tan alto como pudo.— Cogedlo— les dijo. Will y Chester lo agarraron por debajo de los brazos y, tras sacarlo del canal, lo depositaron en la orilla.—¡ No, no lo acostéis!— dijo Elliott—. Mantenedlo de pie. Quitadle la camisa y hacedle andar, que no pare de moverse. Eso le ayudará a echar fuera el veneno.
Al quitarle la camisa pudieron contemplar la piel azulada de Cal. Tenía el cuerpo acribillado de heridas blancas, prominentes. Los ojos los tenía abiertos y muy enrojecidos, y la boca se le movía sin articular palabra. Uno a cada lado, le hicieron