Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 224

— Claro— asintió el chico con entusiasmo.
Elliott le dio a Will un golpecito en el hombro. Estaba tan cerca de él, que el muchacho se quedó desconcertado. Ella señaló la peña que había tras la grieta del suelo.
— Colócate a aquel lado— le susurró—. Si ves algo, no grites, basta con que me lo digas. ¿ Entendido?
Iba a entregarle uno de los pequeños cilindros de metal que había llevado Drake, pero éste lo vio y le dijo:
— No, Elliott; todavía no sabe cómo usarlo. Si fuera necesario, es mejor que echéis a correr para que os persigan y se alejen de aquí. En ese caso, nos reagruparíamos en el punto de emergencia. ¿ De acuerdo?
— De acuerdo. ¡ Buena suerte!— dijo ella sonriendo bajo su shemagh mientras le volvía a coger el cilindro al desconcertado Will y se lo metía de nuevo dentro de la chaqueta.
— Gracias— dijo Drake avanzando hacia la abertura. Saltó dentro, seguido de cerca por Chester.
Cuando se metieron por el agujero, Will se agachó contra las rocas, mirando en la oscuridad. Pasaron varios minutos.—¡ Pssst! Era Elliott. Will miró a su alrededor, pero no consiguió verla.—¡ Pssst!— volvió a escuchar, esta vez más fuerte. Estaba a punto de llamarla cuando apareció justo detrás de él, como si hubiera bajado del cielo. Comprendió de inmediato que ella había estado sobre la peña.
— Algo se mueve por allí— susurró ella señalando un punto en la oscuridad—. Está muy lejos, así que no hay motivo para alarmarse. Pero mantén los ojos bien abiertos.
Y volvió a irse antes de que Will pudiera preguntarle qué era lo que había visto exactamente. Escudriñó en la dirección en que ella le había indicado, pero no vio nada en absoluto.
Varios minutos después, se oyó un estruendo distante que llegó por la llanura. No hubo ningún destello, pero Will estaba seguro de que había notado en la cara la onda expansiva, una leve vaharada de aire caliente que no tenía nada que ver con la brisa que soplaba de manera constante. Se incorporó, y Elliott se presentó al instante detrás
— Claro— asintió el chico con entusiasmo.
Elliott le dio a Will un golpecito en el hombro. Estaba tan cerca de él, que el muchacho se quedó desconcertado. Ella señaló la peña que había tras la grieta del suelo.
— Colócate a aquel lado— le susurró—. Si ves algo, no grites, basta con que me lo digas. ¿ Entendido?
Iba a entregarle uno de los pequeños cilindros de metal que había llevado Drake, pero éste lo vio y le dijo:
— No, Elliott; todavía no sabe cómo usarlo. Si fuera necesario, es mejor que echéis a correr para que os persigan y se alejen de aquí. En ese caso, nos reagruparíamos en el punto de emergencia. ¿ De acuerdo?
— De acuerdo. ¡ Buena suerte!— dijo ella sonriendo bajo su shemagh mientras le volvía a coger el cilindro al desconcertado Will y se lo metía de nuevo dentro de la chaqueta.
— Gracias— dijo Drake avanzando hacia la abertura. Saltó dentro, seguido de cerca por Chester.
Cuando se metieron por el agujero, Will se agachó contra las rocas, mirando en la oscuridad. Pasaron varios minutos.—¡ Pssst! Era Elliott. Will miró a su alrededor, pero no consiguió verla.—¡ Pssst!— volvió a escuchar, esta vez más fuerte. Estaba a punto de llamarla cuando apareció justo detrás de él, como si hubiera bajado del cielo. Comprendió de inmediato que ella había estado sobre la peña.
— Algo se mueve por allí— susurró ella señalando un punto en la oscuridad—. Está muy lejos, así que no hay motivo para alarmarse. Pero mantén los ojos bien abiertos.
Y volvió a irse antes de que Will pudiera preguntarle qué era lo que había visto exactamente. Escudriñó en la dirección en que ella le había indicado, pero no vio nada en absoluto.
Varios minutos después, se oyó un estruendo distante que llegó por la llanura. No hubo ningún destello, pero Will estaba seguro de que había notado en la cara la onda expansiva, una leve vaharada de aire caliente que no tenía nada que ver con la brisa que soplaba de manera constante. Se incorporó, y Elliott se presentó al instante detrás