Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 225

de él. —Lo que me imaginaba —le susurró al oído—. Son los Limitadores, que están volando otro asentamiento coprolita. —Pero ¿por qué lo hacen? —Drake piensa que tal vez tú nos lo puedas decir. Por la abertura de la shemagh, Will vio el brillo de sus vivos ojos castaños. —Pues no —respondió el chico dubitativo—. ¿Por qué iba a saberlo yo? —Porque toda esta caza de nuestros amigos, y de los coprolitas que se han relacionado con nosotros, comenzó cuando aparecisteis vosotros. Tal vez no sea casualidad. ¿Qué habéis hecho para poner así a los styx? —Yo… yo… —balbuceó Will, asustado ante la idea de tener algo de culpa en los actos de los styx. —Bueno, hicierais lo que hicierais, a los styx no se les va a olvidar. Me gustaría saberlo. —Apartó los ojos de él—. Sigue atento —dijo saltando como un gato sobre la inclinada peña, manteniendo en equilibrio el enorme rifle que llevaba en el brazo. A Will una idea le empezó a zumbar en la mente: ¿tendría razón ella? ¿Era posible que hubiera acarreado la ira de los styx contra los renegados y los coprolitas? ¿Sería responsable de todo aquello de alguna manera? ¡Rebecca! El recuerdo de aquella que en otro tiempo fue su hermana le provocó una especie de asfixia. ¿Sería posible que Rebecca siguiera buscando venganza? Su malvada influencia parecía seguirlo adondequiera que iba, deslizándose tras él como una serpiente venenosa. ¿Se encontraría ella detrás de aquellos sucesos? No, no podía ser. Era todo demasiado descabellado, intentó decirse a sí mismo. Volvió a pensar en el momento en que él y Chester habían entrado en el mundo subterráneo, a través de una de las cámaras estancas por la que habían llegado al Barrio, y habían desencadenado una serie de acontecimientos sobre los que no había tenido ningún control. Después, con mucho dolor, empezó a pensar en todas las vidas que habían cambiado para peor por su culpa. Para empezar, la de Chester, al que había metido en todo aquel embrollo porque, con la bondad de su corazón, se había prestado a ayudarle a buscar a su padre. Después estaba la de Tam, que había muerto defendiéndolo en la Ciudad Eterna. Y no podía olvidar a los amigos de Tam: Imago, Jack y los otros, cuyos nombres no recordaba en ese momento: seguramente todos ellos estarían escondidos, huyendo de