luz, Will tenía el aspecto de un soldado que ayudara a su compañero herido a regresar a sus posiciones mientras una bengala enemiga los descubría en tierra de nadie.
Chester parecía no comprender apenas lo que había a su alrededor. El sudor le caía a chorros de la frente, abriendo grietas en la máscara de suciedad que le cubría el rostro. Will notaba que el cuerpo de su amigo temblaba violentamente contra el suyo, mientras él respiraba con jadeos entrecortados y superficiales.
— Ya llegamos— le dijo a Chester al oído, animándolo a proseguir mientras llegaban a la parte del vagón en que estaban apiladas las cajas—. Cal está justo ahí.
Mientras se aproximaban, Cal estaba sentado de espaldas a ellos. No se había movido del lugar en que lo había dejado Will, entre las cajas astilladas. Varios años más joven que éste, su hermano recién descubierto guardaba con él un asombroso parecido. Cal era también albino y tenía el mismo pelo blanco y anchas mandíbulas que habían heredado de su madre, a la que ninguno de los dos había llegado a conocer. Pero ahora Cal tenía la cabeza agachada y sus rasgos quedaban ocultos mientras se masajeaba suavemente la nuca. Al dejarse caer sobre el tren en marcha, no había tenido tanta suerte como su hermano.
Will ayudó a Chester a llegar a una caja sobre la que éste se dejó caer, agotado. Después Will se acercó a su hermano y le dio una palmada en el hombro, intentando no producirle un susto de muerte. Imago les había dicho que estuvieran alerta porque había colonos en el tren. Pero en ese momento Will no tenía realmente de qué preocuparse respecto a asustar a su hermano, porque Cal estaba tan metido en sus dolores que apenas reaccionó a sus palmadas. Sólo unos segundos después, y tras varias quejas poco audibles, Cal se dio la vuelta sin dejar de masajearse el cuello.
—¡ Lo he encontrado, Cal! ¡ He encontrado a Chester!— intentó gritar Will, aunque las palabras apenas le salieron. Cal y Chester se miraron, pero ninguno de ellos habló porque se encontraban demasiado lejos uno del otro para poder comunicarse. Aunque ya se habían conocido antes, eso había ocurrido en la peor de las circunstancias posibles, cuando tenían a los styx pisándoles los talones. Y en aquella ocasión no habían tenido tiempo para muchas cortesías.
Dejaron de mirarse y Chester se bajó de la caja al suelo del vagón, donde apoyó la cabeza en las manos. Evidentemente, el paseo que acababan de dar había acabado con todas las fuerzas que le quedaban. Cal volvió a masajearse la nuca. No parecía en absoluto sorprendido de que Chester se encontrara en el tren, o tal vez fuera que no le importaba. Will se encogió de hombros.
luz, Will tenía el aspecto de un soldado que ayudara a su compañero herido a regresar a sus posiciones mientras una bengala enemiga los descubría en tierra de nadie.
Chester parecía no comprender apenas lo que había a su alrededor. El sudor le caía a chorros de la frente, abriendo grietas en la máscara de suciedad que le cubría el rostro. Will notaba que el cuerpo de su amigo temblaba violentamente contra el suyo, mientras él respiraba con jadeos entrecortados y superficiales.
— Ya llegamos— le dijo a Chester al oído, animándolo a proseguir mientras llegaban a la parte del vagón en que estaban apiladas las cajas—. Cal está justo ahí.
Mientras se aproximaban, Cal estaba sentado de espaldas a ellos. No se había movido del lugar en que lo había dejado Will, entre las cajas astilladas. Varios años más joven que éste, su hermano recién descubierto guardaba con él un asombroso parecido. Cal era también albino y tenía el mismo pelo blanco y anchas mandíbulas que habían heredado de su madre, a la que ninguno de los dos había llegado a conocer. Pero ahora Cal tenía la cabeza agachada y sus rasgos quedaban ocultos mientras se masajeaba suavemente la nuca. Al dejarse caer sobre el tren en marcha, no había tenido tanta suerte como su hermano.
Will ayudó a Chester a llegar a una caja sobre la que éste se dejó caer, agotado. Después Will se acercó a su hermano y le dio una palmada en el hombro, intentando no producirle un susto de muerte. Imago les había dicho que estuvieran alerta porque había colonos en el tren. Pero en ese momento Will no tenía realmente de qué preocuparse respecto a asustar a su hermano, porque Cal estaba tan metido en sus dolores que apenas reaccionó a sus palmadas. Sólo unos segundos después, y tras varias quejas poco audibles, Cal se dio la vuelta sin dejar de masajearse el cuello.
—¡ Lo he encontrado, Cal! ¡ He encontrado a Chester!— intentó gritar Will, aunque las palabras apenas le salieron. Cal y Chester se miraron, pero ninguno de ellos habló porque se encontraban demasiado lejos uno del otro para poder comunicarse. Aunque ya se habían conocido antes, eso había ocurrido en la peor de las circunstancias posibles, cuando tenían a los styx pisándoles los talones. Y en aquella ocasión no habían tenido tiempo para muchas cortesías.
Dejaron de mirarse y Chester se bajó de la caja al suelo del vagón, donde apoyó la cabeza en las manos. Evidentemente, el paseo que acababan de dar había acabado con todas las fuerzas que le quedaban. Cal volvió a masajearse la nuca. No parecía en absoluto sorprendido de que Chester se encontrara en el tren, o tal vez fuera que no le importaba. Will se encogió de hombros.