Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 186
gestos de la cabeza, que sacudía bruscamente de un lado a otro, se dieron cuenta de
que les estaba gritando. Siguieron observando durante unos minutos hasta que Will
empezó a aburrirse y a moverse con inquietud.
—Tengo hambre. ¿No tendrás un chicle?
—¿Estás de coña? ¿Cómo vas a tener hambre en una situación como ésta? —le
preguntó Chester.
—No lo sé. Dame algo, ¿quieres? —pidió Will quejumbroso.
—Contrólate —le apremió Chester sin apartar los ojos del styx—. Ya sabes dónde
están los chicles.
En el estado de aturdimiento en que se encontraba, a Will le costó siglos levantar
la solapa del bolsillo lateral de la mochila de Chester. Después, murmurando entre
dientes, hurgó dentro hasta que encontró el paquetito de color verde de los chicles. Lo
posó delante de él mientras volvía a cerrar la solapa.
—¿Quieres uno? —le preguntó a Chester.
—No.
El paquete se le cayó varias veces de las manos, como si las tuviera entumecidas,
hasta que por fin consiguió abrirlo y extraer uno de los chicles en forma de palito.
Con sus torpes dedos, estaba a punto de quitar el papel de fuera para dejar al
descubierto el de plata, cuando ambos muchachos ahogaron un grito al mismo
tiempo.
De repente sintieron un peso aplastante en la espalda y el filo de un cuchillo en el
cuello.
—No hagáis ni el más leve ruido. —La voz resultaba baja y gutural, como si su
emisor no estuviera acostumbrado a emplearla. Llegaba desde justo