Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 176
paso firme hacia la fila de hombres vestidos de negro. Eran unos cincuenta,
dispuestos en una fila perfecta, y de ellos sólo uno pareció cobrar vida respondiendo a
la orden. Se adelantó de la formación, se arrodilló para pasar una mano enguantada
bajo la tapa de una de las dos cestas de mimbre que él y cada uno de los styx que
había en el tejado tenía a sus pies. De la cesta salió un suave zureo en el momento en
que él extraía una blanca paloma y volvía a cerrar la tapa. Al pasársela a Rebecca, el
animal intentó batir las alas, pero ella lo agarró firmemente con ambas manos.
Sujetó a la paloma para inspeccionarle las patas. Había algo en torno a cada una de
ellas, como si le hubieran puesto anillos, pero eran algo más que meras bandas de
metal. De color hueso, brillaban ligeramente cuando les daba la luz. Cada banda tenía
unas diminutas esferas incrustadas, diseñadas para degradarse al cabo de varias horas
de exposición a la luz ultravioleta, y liberar su carga. De esa manera, el propio Sol
hacía las veces de mecanismo de relojería, de disparador.
—¿Están listas? —preguntó el anciano styx acercándose a Rebecca.
—Lo están —confirmó otro styx que se encontraba más lejos, apartado de la fila.
—Muy bien —dijo el viejo styx, y empezó a recorrer la fila de hombres, que a
aquella débil luz parecían fundirse unos con otros, pues estaban formados hombro
con hombro y llevaban todos idéntico gabán de cuero negro y aparato respiratorio.
«Hermanos —les dijo el anciano styx—. Se acaba el tener que vivir ocultos. Ya es
hora de tomar posesión de lo que nos corresponde. —Se quedó por un momento en
silencio, como para que sus palabras fueran bien asimiladas—. El día de hoy será
recordado como el primer día de una nueva y gloriosa época en nuestra historia. Un
día que marcará nuestro retorno a la Superficie».
Deteniéndose, pegó con el puño en la palma abierta de la mano:
—Durante los últimos cien años hemos hecho a los Seres de la Superficie pagar
por sus pecados, soltándoles esos gérmenes que ellos llaman gripe. La primera vez fue
en el verano de 1918. —Soltó una agria risotada—. Esos idiotas la llamaron «gripe
española», y se llevó a la tumba a varios millones de ellos. Después les dimos más
demostraciones de nuestro poderío en 1957 y 1968, con las variantes «asiática» y «de
Hong Kong».
Volvió a golpearse la palma de la mano con fuerza aún mayor, y sus guantes de
cuero resonaron en todo el tejado.
—Pero esas epidemias no fueron más que resfriados comparados con lo que les
vamos a enviar ahora. Los Seres de la Superficie están podridos hasta las entrañas, su