Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 169
resoplando y echando por la boca un líquido lleno de cosas. Pero la horrible
experiencia no había concluido. Allí donde las motas de polvo blanco se habían
pegado a la piel desnuda de la cara y el cuello, estaban empezando a irritarla, y esa
irritación se transformó pronto en la más espantosa de las quemazones. Intentó
quitarse las partículas con las manos, pero eso sólo empeoró las cosas, porque al
quitarlas, las blancas partículas se llevaban con ellas trocitos de piel, y vio que tenía
los dedos embadurnados de sangre.
Sin saber qué más hacer, cogió puñados de tierra y se frotó con ella, restregándose
con furia la cara, el cuello y las manos. Esto pareció funcionar, y el intolerable dolor
se calmó un poco. Pero los ojos le seguían ardiendo, y le llevó unos minutos
limpiárselos usando el lado interior de la manga de la camisa.
Entonces apareció Chester. Salió por la abertura, tambaleándose sin ver. Mientras
caía a cuatro patas, tosiendo y con arcadas, Will vio que había llevado algo a rastras
con él. Con los ojos empañados, pensó que se trataba de Cal. Pero se le partió el
corazón cuando se dio cuenta de que sólo eran las mochilas, que Chester había
recogido en la galería.
Su amigo lanzó un alarido, arañándose la cara y los ojos. Will vio que estaba
completamente cubierto de partículas blancas. Tenía el pelo lleno de ellas y la cara
recubierta por el polvo pegado al sudor. Volvió a lanzar otro alarido y a arañarse el
cuello con tanta fuerza como si quisiera quitarse la piel.
—¡Maldita mierda! —gritó entre gemidos y con voz de desolación.
—¡Quítatelo con tierra, frotando! —le gritó Will.
Chester hizo inmediatamente lo que Will le indicaba, cogiendo puñados de tierra y
frotándose con ella la cara.
—¡Límpiate bien los ojos!
Chester se hurgó en el bolsillo del pantalón y sacó un pañuelo con el que se limpió
los ojos a toda prisa. Al cabo de un rato sus movimientos se hicieron más reposados.
Le caían mocos de la nariz, y los ojos le seguían llorando, enrojecidos. La cara era una
mezcla de sangre y tierra surcada por chorros, como una máscara fantasmagórica.
Miró a Will con expresión de espanto.
—No pude arrastrarlo más —explicó—. No podía seguir allí…, no podía respirar.
Pero tenemos… tenemos que volver. —Tuvo un acceso de tos convulsiva, y a
continuación escupió en el suelo.
—Tengo que sacarlo de aquí —dijo Will, dirigiéndose hacia la salida—. Voy a