Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 167
grandes e invadieron las mejillas. Era como si tuviera allí dos enormes ojos negros.
—¿Qué está ocurriendo? ¿Qué le pasa? —gritó Will con la voz quebrada por el
pánico.
Chester puso la mirada en blanco.
—No lo sé —respondió.
—Pero ¿se ha dado en la cabeza contra algo? —preguntó a gritos.
Chester examinó inmediatamente la cabeza de Cal, pasándole la mano por la
coronilla, y por detrás hasta la nuca. No había señal de ninguna herida.
—Comprobar la respiración —murmuró Chester para sí tratando de recordar los
primeros auxilios. Le echó la cabeza ligeramente hacia atrás, acercó el oído a la nariz y
la boca de Cal, y escuchó. Volvió a levantar la cabeza con aspecto desconcertado.
Entonces se acercó de nuevo y le abrió la boca para comprobar que no estaba
obstruida, y acercó el oído. Resoplando, se echó atrás, sobre los talones, y le puso la
mano en el pecho—. ¡Por Dios, Will! ¡Parece que no respira!
Will cogió el brazo flácido de su hermano y lo agitó.
—¡Cal! ¡Cal! ¡Vamos! ¡Despierta! —gritó.
Puso dos dedos en el cuello del muchacho para palpar la arteria, tratando
desesperadamente de encontrarle el pulso.
—Aquí… no… ¿dónde lo tiene…? Nada… ¿Dónde demonios tiene el pulso? —
gritó—. ¿Lo estoy haciendo bien? —Miró a Chester, con los ojos desorbitados,
gritando ante la imposibilidad de encontrar ni asomo de un latido.
Su hermano estaba muerto.
En ese preciso instante, los chasquidos fueron reemplazados por otro sonido. Un
suave estallido semejante al del tapón del champán, pero flojo, como si la botella
hubiera sido descorchada en la habitación de al lado.
El aire se llenó de inmediato de puntos blancos que corrían inundándolo todo, un
aluvión que envolvía a los muchachos, que brillaba al penetrar en los haces de luz
irradiados por las lámparas, y cuajaba el aire con su presencia. Aquellas partículas,
como un millón de pétalos diminutos, salían a borbotones. Tal vez salieran de los
tubos, pero todo se había vuelto tan denso que era imposible estar seguro.
—¡No! —gritó Will.
Se tapó la nariz y la boca con una mano, y empezó a tirar con el brazo del cuerpo
de su hermano, intentando arrastrarlo hacia la entrada de la caverna. Pero se dio
cuenta de que no podía respirar: las partículas eran como arena, y le taponaban la