Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 166

el interior de la caverna, cuando ambos vieron que Cal perdía el equilibrio. Se agarró a la parte superior de uno de los tubos para no caer. Retiró rápidamente la mano al mismo tiempo que se escuchaba un sonido, como si alguien hubiera chasqueado los dedos, pero más fuerte. Cal recobró el equilibrio y se puso derecho. —¡Ay! —dijo en voz baja, mirándose la mano con desconcierto. —¿Cal? —lo llamó Will. Durante un segundo siguió allí, con la espalda vuelta hacia ellos, examinándose todavía la mano. Y de repente se desplomó en el suelo. —¡Cal! Will y Chester se dirigieron una mirada de desesperación e inmediatamente volvieron la vista hacia el punto en que se hallaba Cal, tendido e inmóvil. Will tuvo el impulso de dirigirse hacia él, pero se dio cuenta de que Chester seguía agarrándolo del brazo. —¡Suéltame! —dijo tratando de desprenderse. —¡No! —le gritó Chester. —¡Tengo que ir! —exclamó Will, forcejeando. Chester lo soltó, pero él se detuvo después de avanzar unos pasos. Ocurría algo más. Lo oían. —¿Qué dem…? —intentó decir Chester mientras oían más chasquidos, que se iban haciendo cada vez más fuertes y frecuentes. Chasquidos secos y apagados que sonaban con rapidez creciente hasta que se convirtieron en un traqueteo que retumbaba en las paredes. Los aterrorizados muchachos se volvían a un lado y a otro tratando de descubrir de dónde salían aquellas estruendosas palpitaciones. Pero no había manera de saberlo. Nada parecía haber cambiado en la caverna donde estaba Cal tendido. —¡Tenemos que sacarlo! —gritó Will, y se lanzó hacia delante. Corrieron los dos hacia el chico y llegaron al mismo tiempo. Chester observaba con aprensión las columnas que los rodeaban, mientras Will se ponía en cuclillas para cargar a su hermano a la espalda. El cuerpo de Cal estaba flácido, sin vida, y tenía los ojos abiertos y fijos. Al principio pensaron que simplemente había perdido el sentido, pero ante sus propios ojos unas líneas amoratadas se extendieron desde debajo de cada uno de sus ojos acentuando la red de venillas bajo la piel, más o menos del mismo modo en que la tinta penetra en el agua. Con rapidez aterradora, los moretones se hicieron más