Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 160
—Aunque sea lo último que haga —susurró Sarah, y se volvió hacia la chimenea.
Con su falsedad, Will había estropeado y profanado aquel encuentro con su madre
después de tanto tiempo, aquel momento con el que tantas veces había soñado. En
aquel instante, cualquier duda que aún pudiera albergar Sarah sobre la culpabilidad de
Will quedó completamente despejada. Pero lo más difícil de aceptar para ella era que
el principal punto de conexión que tenía con su madre, tras doce largos años de
separación, fuera un demoledor deseo de venganza.
Se quedaron escuchando el crepitar de la hoguera. No había nada más que decir, y
tampoco ninguna de las dos tenía deseos de seguir hablando, embargadas como
estaban por la rabia y el odio compartido.
Fuera de la casa, Rebecca contemplaba cómo los caballos brincaban de
impaciencia y hacían tintinear el arnés al mover la cabeza. Se inclinaba contra la
puerta del segundo de los carruajes, en el que estaba sentado Joe Waites, intranquilo,
constreñido entre varios styx. Miraba a Rebecca por la pequeña ventanilla del carruaje,
con el gesto tenso y un brillo de sudor en la frente.
Ante la puerta de la casa de los Jerome apareció un styx. Era el mismo que había
ido sentado al lado de Sarah durante el camino que habían seguido hasta allí y que, sin
que lo supieran ella ni su madre, había entrado por la puerta de atrás de la casa para
escuchar la conversación de las dos mujeres escondido en el vestíbulo.
Mirando a Rebecca, le hizo un gesto interrogador con la cabeza. Ella le respondió
con otro gesto de confirmación.
—¿Está todo bien? —preguntó rápidamente Joe Waites, acercándose a la
ventanilla del coche.
—¡Siéntate! —bufó Rebecca con el ímpetu de una víbora molestada.
—Pero ¿mi mujer y mis hijas? —preguntó con la voz quebrada y los ojos
desesperadamente patéticos—. ¿Me los devolverán?
—Puede que sí, si eres un colono bueno y haces lo que se te manda —le
respondió Rebecca con desprecio—. A continuación, en la lengua nasal y chirriante de
los styx, se dirigió a los que lo custodiaban en el coche y les dijo:
—Después de esto, llevadlo con su familia. Ya nos las veremos con todos ellos
cuando haya terminado todo.
Joe Waites los miraba con aprensión, mientras los styx hacían el gesto a Rebecca
de haber entendido, y después le dirigían una sardónica sonrisa.
La joven regresó al primer coche, moviendo las caderas como había visto hacer a