Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 153
Seguía pensando en ello cuando el coche se detuvo ante la Puerta de la Calavera.
En toda su vida sólo la había atravesado alrededor de una docena de veces,
acompañando a su esposo en algún asunto oficial que tuviera lugar en el Barrio,
asuntos en los que había tenido que aguardar fuera, en la calle; o bien, cuando se le
permitió entrar, había permanecido callada, tal como se esperaba de ella. Así eran las
cosas en la Colonia: no se consideraba que las mujeres fueran iguales a los hombres, y
nunca podían alcanzar cargos de cierto nivel de responsabilidad.
Había oído rumores de que las cosas eran diferentes entre los styx. De hecho, la
prueba viviente de ello la tenía sentada delante de ella, en aquel mismo instante, en
forma de Rebecca. A Sarah le parecía difícil de creer que aquella niña tuviera la
influencia e importancia que parecía tener. También había oído decir, sobre todo a
Tam, que había un círculo cerrado, una especie de realeza en la cima de la jerarquía
styx, pero eso no eran más que especulaciones. Los styx vivían apartados de la gente
de la Colonia, así que nadie sabía con seguridad qué pasaba entre ellos, por más que
en las tabernas circularan rumores, susurrados en voz muy baja, sobre sus extraños
rituales religiosos, rumores que se iban exagerando cada vez que se volvían a contar.
Y al pasear la vista de la chica al anciano styx y de vuelta a la chica, Sarah se dio
cuenta de que podían ser parientes. Si se hacía caso de las habladurías, los styx no
tenían familias tradicionales, porque a los niños los apartaban de sus padres a edad
temprana para ser educados por los maestros que les designaran, dentro de sus
colegios exclusivos.
Pero viéndolos allí sentados, casi a oscuras, Sarah tenía la sensación de que había
claramente alguna relación entre ellos dos. Apreciaba una especie de conexión que
trascendía la lealtad que unos styx se guardaban a otros. Pese a su avanzada edad y a
su rostro inescrutable, había un leve aire de paternidad o paternalismo en las maneras
del viejo styx hacia la niña.
Los pensamientos de Sarah quedaron interrumpidos cuando se oyó un simple
golpe en la puerta del carruaje, y a continuación la abrieron. Una lámpara cegadora
introdujo su luz en el interior del coche, lo que obligó a Sarah a taparse los ojos. A
continuación, entre el styx más joven y el portador de la lámpara, siguió un
intercambio de palabras en la lengua de sonidos aflautados y metálicos de los styx. La
luz se retiró casi de inmediato, y Sarah oyó el traqueteo del rastrillo que subían en la
Puerta de la Calavera. No se asomó a la ventanilla para mirar, pero en su mente
imaginó la puerta de hierro colado que ascendía hundiéndose dentro de la enorme