Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 152
— Nosotros no somos tan diferentes, Sarah.
Ella volvió la cara hacia él de repente. Se quedó cautivada por la red de profundas arrugas que partían del rabillo del ojo, arrugas que por momentos parecían encresparse como si el styx estuviera a punto de sonreír; pero nunca llegaba a hacerlo.
— Si tenemos un defecto, es el de no reconocer que hay un puñado de gente aquí abajo, los menos, que no son tan diferentes de nosotros los styx.
Cerró lentamente los ojos cuando el coche pasó junto a una farola de luz demasiado intensa que iluminó hasta el último rincón del interior. Sarah observó entonces que ninguno de los otros dos styx estaba mirando al mayor; ni tampoco a ella.
— Nos apartamos completamente, pero a menudo llega alguien como tú. Tú tienes una fuerza que te singulariza. Te has resistido a nuestra persecución con la pasión y el fervor que esperamos de los nuestros.
» Vosotros os afanáis en busca del reconocimiento, lucháis por algo en lo que creéis, no importa qué, y nosotros no escuchamos.— Se detuvo para tomar aire, despacio, prolongadamente—. ¿ Por qué? Porque nosotros, desde hace muchos años, tenemos que dominar y vigilar a la gente de la Colonia … por el bien común, y tenemos que trataros a todos igual. Pero no estáis hechos todos con el mismo molde. Aunque tú seas una colona, Sarah, eres apasionada y comprometida, y no eres como todo el mundo, no eres en absoluto como todo el mundo … Creo que deberías ser tolerada, pero sólo por tu espíritu.
Sarah siguió mirándolo después de que dejara de hablar, preguntándose si el styx estaría esperando que ella le respondiera. No tenía ni idea de qué era lo que él realmente quería transmitirle. ¿ Trataba de mostrar compasión hacia ella? ¿ Se trataba de un ataque de los styx, llevado a cabo con las armas de la seducción?
¿ O le estaba haciendo la propuesta, extraña y sin precedentes, de unirse a ellos? No, eso era imposible, era impensable. Ese tipo de cosas no ocurrirían nunca: los styx y los colonos eran razas aparte, eran opresores y oprimidos, como el anciano styx acababa de admitir de manera implícita. Y no había acercamiento posible entre ambos. Siempre fue así, y siempre sería así, en un mundo permanente e inmutable.
Su mente no podía dejar de pensar en ello, no podía dejar de intentar comprender lo que había querido decir el styx, y se le ocurrió aún otra posibilidad: ¿ no serían sus palabras simplemente una manera de admitir el fracaso de los styx, una tardía petición de disculpas por la manera en que la habían tratado cuando la muerte de su bebé?
— Nosotros no somos tan diferentes, Sarah.
Ella volvió la cara hacia él de repente. Se quedó cautivada por la red de profundas arrugas que partían del rabillo del ojo, arrugas que por momentos parecían encresparse como si el styx estuviera a punto de sonreír; pero nunca llegaba a hacerlo.
— Si tenemos un defecto, es el de no reconocer que hay un puñado de gente aquí abajo, los menos, que no son tan diferentes de nosotros los styx.
Cerró lentamente los ojos cuando el coche pasó junto a una farola de luz demasiado intensa que iluminó hasta el último rincón del interior. Sarah observó entonces que ninguno de los otros dos styx estaba mirando al mayor; ni tampoco a ella.
— Nos apartamos completamente, pero a menudo llega alguien como tú. Tú tienes una fuerza que te singulariza. Te has resistido a nuestra persecución con la pasión y el fervor que esperamos de los nuestros.
» Vosotros os afanáis en busca del reconocimiento, lucháis por algo en lo que creéis, no importa qué, y nosotros no escuchamos.— Se detuvo para tomar aire, despacio, prolongadamente—. ¿ Por qué? Porque nosotros, desde hace muchos años, tenemos que dominar y vigilar a la gente de la Colonia … por el bien común, y tenemos que trataros a todos igual. Pero no estáis hechos todos con el mismo molde. Aunque tú seas una colona, Sarah, eres apasionada y comprometida, y no eres como todo el mundo, no eres en absoluto como todo el mundo … Creo que deberías ser tolerada, pero sólo por tu espíritu.
Sarah siguió mirándolo después de que dejara de hablar, preguntándose si el styx estaría esperando que ella le respondiera. No tenía ni idea de qué era lo que él realmente quería transmitirle. ¿ Trataba de mostrar compasión hacia ella? ¿ Se trataba de un ataque de los styx, llevado a cabo con las armas de la seducción?
¿ O le estaba haciendo la propuesta, extraña y sin precedentes, de unirse a ellos? No, eso era imposible, era impensable. Ese tipo de cosas no ocurrirían nunca: los styx y los colonos eran razas aparte, eran opresores y oprimidos, como el anciano styx acababa de admitir de manera implícita. Y no había acercamiento posible entre ambos. Siempre fue así, y siempre sería así, en un mundo permanente e inmutable.
Su mente no podía dejar de pensar en ello, no podía dejar de intentar comprender lo que había querido decir el styx, y se le ocurrió aún otra posibilidad: ¿ no serían sus palabras simplemente una manera de admitir el fracaso de los styx, una tardía petición de disculpas por la manera en que la habían tratado cuando la muerte de su bebé?