Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 140

15 El doctor Burrows se desperezó inquieto, creyendo haber oído el suave repiqueteo que cada mañana, sin falta, sonaba en el asentamiento coprolita para despertar a todos. Escuchó atentamente durante un rato. Entonces frunció el ceño: no se oía absolutamente nada. «Debo de haber dormido más de la cuenta», pensó frotándose la barbilla y descubriendo con cierta sorpresa que raspaba. Se había acostumbrado a la barba desaliñada que había llevado durante tanto tiempo, y ahora que se la había afeitado, la echaba de menos. En el fondo se había encontrado muy cómodo con su imagen barbada, y se había prometido a sí mismo volver a dejársela crecer el día de su glorioso retorno, el día de la salida a la superficie, cuando quiera que fuera. Con ella presentaría una imagen impresionante en la primera plana de todos los periódicos. Se imaginaba los titulares: El Robinson Crusoe del mundo subterráneo; El hombre salvaje de las Profundidades; El doctor Hades… —Ya basta —se dijo, poniendo freno a su anticipada gloria. Echó a un lado la basta manta y se incorporó en el corto colchón relleno de una especie de paja. Era demasiado pequeño incluso para un hombre de estatura mediana, como era él, y las piernas le sobresalían casi medio metro. Se puso las gafas y se rascó el pelo. Había intentado cortárselo él mismo, y no había hecho un buen trabajo: por algunos sitios se lo había dejado casi al cero y por otros tenía guedejas de varios centímetros. Se rascó aún más fuerte, recorriendo la cabeza para pasar después al pecho y las axilas. Frunciendo el ceño, se miró con la vista perdida las yemas de los dedos. «¡El diario! —se dijo de pronto—. Ayer no escribí nada». Efectivamente, el día anterior había regresado tan tarde que se había olvidado por completo de hacer el recuento de los sucesos del día. Chasqueando la lengua contra los dientes al tiempo que sacaba el cuaderno de debajo de la cama, lo abrió por una página que estaba en blanco, salvo por el encabezamiento: Día 141