Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 140
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El doctor Burrows se desperezó inquieto, creyendo haber oído el suave repiqueteo
que cada mañana, sin falta, sonaba en el asentamiento coprolita para despertar a todos.
Escuchó atentamente durante un rato. Entonces frunció el ceño: no se oía
absolutamente nada.
«Debo de haber dormido más de la cuenta», pensó frotándose la barbilla y
descubriendo con cierta sorpresa que raspaba. Se había acostumbrado a la barba
desaliñada que había llevado durante tanto tiempo, y ahora que se la había afeitado, la
echaba de menos. En el fondo se había encontrado muy cómodo con su imagen
barbada, y se había prometido a sí mismo volver a dejársela crecer el día de su
glorioso retorno, el día de la salida a la superficie, cuando quiera que fuera. Con ella
presentaría una imagen impresionante en la primera plana de todos los periódicos. Se
imaginaba los titulares: El Robinson Crusoe del mundo subterráneo; El hombre
salvaje de las Profundidades; El doctor Hades…
—Ya basta —se dijo, poniendo freno a su anticipada gloria.
Echó a un lado la basta manta y se incorporó en el corto colchón relleno de una
especie de paja. Era demasiado pequeño incluso para un hombre de estatura mediana,
como era él, y las piernas le sobresalían casi medio metro.
Se puso las gafas y se rascó el pelo. Había intentado cortárselo él mismo, y no
había hecho un buen trabajo: por algunos sitios se lo había dejado casi al cero y por
otros tenía guedejas de varios centímetros. Se rascó aún más fuerte, recorriendo la
cabeza para pasar después al pecho y las axilas. Frunciendo el ceño, se miró con la
vista perdida las yemas de los dedos.
«¡El diario! —se dijo de pronto—. Ayer no escribí nada».
Efectivamente, el día anterior había regresado tan tarde que se había olvidado por
completo de hacer el recuento de los sucesos del día. Chasqueando la lengua contra
los dientes al tiempo que sacaba el cuaderno de debajo de la cama, lo abrió por una
página que estaba en blanco, salvo por el encabezamiento:
Día 141