Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Página 141
Bajo este encabezamiento empezó a escribir, silbando al mismo tiempo una
melodía deshilvanada:
Me he pasado la noche, rascándome como un loco.
Se paró. Chupó pensativo la punta del lápiz. Después prosiguió:
Los piojos son insoportables, y la cosa va a peor.
Se quedó mirando la habitación en que se encontraba, que era pequeña, más o
menos circular, de unos cuatro metros de diámetro, y el cóncavo techo que tenía sobre
la cabeza. Los muros tenían una textura irregular, como si el yeso o barro o lo que
fuera que habían utilizado para la pared hubiera sido aplicado con las manos. En
cuanto a la forma, le daba la impresión de encontrarse dentro de un enorme tarro, y
eso le hacía gracia, porque de esa manera se hacía a la idea de cómo se sentía un genio
atrapado en una lámpara. Esta sensación se veía fortalecida por el hecho de que la
única entrada o salida que tenía era por abajo, y estaba situada justo en el centro del
suelo. El orificio estaba tapado con una pieza de metal batido que parecía la tapa de un
cubo de basura.
Después observó su traje protector, que colgaba de un perchero de madera que
había en la pared y que parecía la piel abandonada de un lagarto, pero con una luz que
salía de los agujeros de los ojos, donde iban insertadas las esferas de luz. Debería
ponerse el traje, pero se sentía compelido por el deber de completar antes la entrada
del día anterior. Así que siguió con el diario:
Creo que ha llegado el momento de marcharme. Los coprolitas…
Dudó, pensando si emplear el nombre que se le había ocurrido para denominar a
aquella gente, dando por sentado que se trataba de una especie distinta a la del Homo
sapiens, algo que hasta el momento no había podido establecer. «Homo caves», se
dijo, pero enseguida negó con la cabeza, pensando que mejor no. No había que
mezclar los temas; además, antes tenía que dejar los hechos bien sentados. Se puso de
nuevo a escribir:
Los coprolitas están, según creo, intentando comunicarme que yo debería irme,
aunque no sé por qué.
No creo que sea nada que tenga que ver conmigo, ni más en concreto, con nada
que yo haya hecho. Puede que me equivoque, pero tengo la impresión de que en el
asentamiento ha cambiado el ambiente general. Durante las últimas veinticuatro horas
he observado más actividad que en los últimos dos meses. Entre las reservas
adicionales de alimento y las restricciones a las mujeres y a los niños para salir del