Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 139
como la fruta y las esferas de luz que iban en el tren con nosotros.— Pero ¿ y si les hablan de nosotros a los styx?— le preguntó Chester.— Os lo he dicho … Son tontos, no hablan ni hacen nada— contestó Cal cansinamente—. Pero ¿ qué son?— Son hombres … o algo parecido … Llevan esos trajes por encima a causa del calor y del aire pernicioso de aquí— respondió Cal.— Radiactividad— corrigió Will.— Vale, si lo quieres llamar así. Está en el terreno.— El niño hizo un gesto con la mano, abarcándolo todo—. Por eso nadie de mi gente pasa aquí mucho tiempo.
—¡ Ah, qué bien! Esto se pone mejor cada vez— se quejó Chester—. Así que no podemos regresar a la Colonia, y ahora resulta que tampoco nos podemos quedar aquí. ¡ Radiactividad! Tu padre tenía razón, Will, y nos vamos a freír en este maldito lugar.
— Estoy seguro de que no nos pasará nada por estar aquí un tiempo— comentó Will intentando tranquilizar los terrores de su amigo, pero sin mucha confianza.
— Guay, guay, superguay— gruñó Chester, dirigiéndose indignado al punto en que habían dejado las mochilas, sin dejar de rezongar.
— Había algo raro ahí— le dijo confidencialmente Cal a Will en ese momento en que el otro se había apartado.—¿ A qué te refieres?— Bueno, ¿ te diste cuenta de cómo nos miraba el último coprolita?— dijo el pequeño de los hermanos moviendo la cabeza hacia los lados, con expresión de no entender.
— Sí, claro que me di cuenta— respondió Will—. Y tú nos dijiste que nunca hacen caso a los de fuera.
— Nunca, te lo aseguro … Los he visto miles de veces en la Caverna Meridional y te puedo asegurar que nunca te miran directamente. Y éste se movía de manera rara … demasiado rápido para un coprolita. No era normal.— Cal se detuvo rascándose la frente, pensativo—. Tal vez aquí abajo se comporten de manera diferente. Al fin y al cabo, están en su país. Pero de todas formas, me parece raro.
— Sí que lo es— comentó Will también pensativo, sin imaginarse lo cerca que se había encontrado de su padre.
como la fruta y las esferas de luz que iban en el tren con nosotros.— Pero ¿ y si les hablan de nosotros a los styx?— le preguntó Chester.— Os lo he dicho … Son tontos, no hablan ni hacen nada— contestó Cal cansinamente—. Pero ¿ qué son?— Son hombres … o algo parecido … Llevan esos trajes por encima a causa del calor y del aire pernicioso de aquí— respondió Cal.— Radiactividad— corrigió Will.— Vale, si lo quieres llamar así. Está en el terreno.— El niño hizo un gesto con la mano, abarcándolo todo—. Por eso nadie de mi gente pasa aquí mucho tiempo.
—¡ Ah, qué bien! Esto se pone mejor cada vez— se quejó Chester—. Así que no podemos regresar a la Colonia, y ahora resulta que tampoco nos podemos quedar aquí. ¡ Radiactividad! Tu padre tenía razón, Will, y nos vamos a freír en este maldito lugar.
— Estoy seguro de que no nos pasará nada por estar aquí un tiempo— comentó Will intentando tranquilizar los terrores de su amigo, pero sin mucha confianza.
— Guay, guay, superguay— gruñó Chester, dirigiéndose indignado al punto en que habían dejado las mochilas, sin dejar de rezongar.
— Había algo raro ahí— le dijo confidencialmente Cal a Will en ese momento en que el otro se había apartado.—¿ A qué te refieres?— Bueno, ¿ te diste cuenta de cómo nos miraba el último coprolita?— dijo el pequeño de los hermanos moviendo la cabeza hacia los lados, con expresión de no entender.
— Sí, claro que me di cuenta— respondió Will—. Y tú nos dijiste que nunca hacen caso a los de fuera.
— Nunca, te lo aseguro … Los he visto miles de veces en la Caverna Meridional y te puedo asegurar que nunca te miran directamente. Y éste se movía de manera rara … demasiado rápido para un coprolita. No era normal.— Cal se detuvo rascándose la frente, pensativo—. Tal vez aquí abajo se comporten de manera diferente. Al fin y al cabo, están en su país. Pero de todas formas, me parece raro.
— Sí que lo es— comentó Will también pensativo, sin imaginarse lo cerca que se había encontrado de su padre.